Parece que en República Dominicana hemos convenido en que subsidiar a sectores ineficientes es un deporte nacional. Estamos subsidiando niveles de azufre tan altos que el aire ya no se respira, se mastica.
Lo mejor es que el Estado gasta más de RD$3,000 millones anuales para que el gasoil regular sea una “ganga” para quienes están haciendo un negocio redondo, mientras el Estado se perjudica. Y lo peor: ese subsidio no llega a los consumidores finales, que deberían ser los beneficiados.
Tras una breve pausa en 2019, el gobierno retomó estas exoneraciones (a transportistas), reactivando el “emprendimiento” favorito de los beneficiarios: el mercado negro.
Es una obra maestra de la eficiencia. Más de 60 millones de galones destinados a transportistas terminan en manos de listillos que revenden con márgenes del 50%. Paremos.











