En la medida en que aumenta la participación de las mujeres en el ámbito académico, especialmente en carreras universitarias de áreas administrativas y de servicios, también se incrementa su presencia en el mercado laboral y en las actividades financieras, tanto como demandantes de créditos bancarios como en lo relativo al ahorro.
Aunque las mujeres superan a los hombres en las universidades, no es así, todavía, en el mercado laboral; sin embargo, casi igualan y hasta superan a los hombres en determinados sectores económicos, en lo relativo a puestos de trabajo.
Las estadísticas oficiales indican que en el empleo formal, las mujeres representan el 48%, con la característica de que superan a los hombres tanto en salarios como en cantidad de empleos en las instituciones del Estado. Sin embargo, en el sector privado, dada la naturaleza de determinadas áreas de producción, que demandan más la fuerza masculina, las mujeres son minoría en cantidad y en salario promedio.
En el sector laboral informal, donde se demanda más mano de obra masculina, las mujeres también están ganando espacio, aunque en menor proporción. Los indicadores de la Encuesta Nacional Continua de Fuerza de Trabajo, elaborada por el Banco Central, permiten determinar que, en la informalidad, las mujeres representan el 39.6%, es decir, que de cada cinco puestos de trabajo informales, dos son ocupados por damas y tres por hombres.
Sector financiero
Así como las mujeres han ido avanzando en su inclusión al mercado laboral, también lo están haciendo en las demás actividades económicas relacionadas con la demanda de bienes y servicios por cuenta propia.
De ahí que el sector financiero ponga su mirada no solo en los hombres, también en ellas, a la hora de ofrecer productos bancarios como tarjetas de crédito y ofertas de préstamos para otros consumos.
De hecho, cuando se observan las estadísticas de la Superintendencia de Bancos (SB) se nota que más mujeres que hombres están demandando créditos de los bancos, aunque con la característica de que los montos son menores a los que solicitan los varones.
Hasta mayo de este año, la cartera de crédito del sector financiero para cuentas individuales de los hombres suma RD$772,060 millones, mientras que la de mujeres es de RD$527,470 millones. La proporción es de 59.4% a 40.9%, respectivamente.
Sin embargo, en cuanto a la cantidad de deudores, las mujeres superan ligeramente a los hombres con 1,323,795 cuentas (49.5%) y los deudores varones son 1,308,037, representando el 48.9%. La proporción porcentual restante, aunque mínima, es la que abarca mayores montos, pues se trata de deudores empresariales.
Los hombres también superan a las mujeres en lo relativo a la cartera de depósitos, con una proporción de 57.7% a 42.3%. Esto así, porque la cartera de captaciones en cuentas a nombre de varones suma RD$1 billón 72,022 millones, mientras que las damas han colocado RD$786,066 millones al cierre de mayo de este año.
Minoría en crecimiento
Si bien las mujeres no superan a los hombres en el ámbito productivo económico, tomando en cuenta su número como trabajadoras fuera del hogar y su relación con el sector financiero formal, la data muestra que van en crecimiento, tanto que, en ningún caso de medición están por debajo del 40%.
Este comportamiento tiene diversas explicaciones, entre las que destaca el hecho de que por las características propias de los medios de producción, hay sectores donde los hombres siempre serán mayoría, como el transporte, la construcción en todos sus ámbitos, operaciones mecánicas de equipos pesados, entre otros. En tanto que, la transformación del modelo económico hacia el área de servicios, hace que las mujeres sean más demandadas para labores que tienen que ver con atención directa a clientes.
De ahí que en sectores como el financiero, el turismo, áreas administrativas, gran parte del comercio y otros, las mujeres superan a los hombres, con la ventaja de que esas áreas tienden a ofrecer salarios que en promedio superan los de actividades manuales, al menos en el sector formal. La informalidad tiene otras características.
Van más forzadas
La condición natural de las damas, por su capacidad de procrear, así como la influencia cultural que las hace inclinarse más hacia el cuidado de las personas, las colocan en cierta desventaja frente a los hombres a la hora de realizar labores fuera de casa, pues lo hacen sin desprenderse de los esfuerzos a lo interno del hogar.
Estudios publicados por organismos especializados así lo indican. En una época en que crece la cantidad de madres solteras y hogares uniparentales, el peso de responsabilidades dobles (atención del hogar y de los hijos sin pareja más un empleo formal o informal fuera de casa) hace que las mujeres vayan más forzadas que los hombres en el ámbilo laboral.
Los varones que trabajan en la formalidad o informalidad, se concentran en la labor que realizan y no todos tienen responsabilidad directa en el hogar. Las mujeres, en cambio, se concentran en las labores que realizan al tiempo que también atienden sus resposabilidades hogareñas, ya sea con ayuda o sin ella.