Lejos de ser simples tanques de almacenamiento, los biodigestores operan como pequeños reactores de economía circular. Su funcionamiento es directo: capturan el pasivo ambiental de una finca o industria —los efluentes y desechos orgánicos— y los someten a una descomposición anaeróbica.
Esta fermentación sin oxígeno evita que el metano escape a la atmósfera y lo canaliza como combustible limpio, mientras que el residuo líquido resultante se reintegra al suelo como un fertilizante libre de patógenos.
La relevancia de esta tecnología adquiere mayor dimensión ante la huella ambiental de la agricultura dominicana. El sector es responsable de casi el 16% de los gases de efecto invernadero (GEI) del país. En 2022 generó más de 7.3 millones de toneladas de dióxido de carbono equivalente, impulsado principalmente por factores como la expansión de la ganadería, el crecimiento del cultivo de arroz y un uso más intensivo de fertilizantes nitrogenados.
La huella, además, va en aumento. Las emisiones agrícolas crecieron un 50% entre 1998 y 2022, mientras que solo entre 2015 y 2022 el incremento fue de un 14.5%.
En este contexto, la implementación de biodigestores no solo contribuye a reducir los GEI. También ayuda a disminuir la contaminación de suelos y fuentes hídricas y permite gestionar los residuos líquidos o semilíquidos generados durante las actividades agrícolas y ganaderas.
A esto se suma su capacidad para fortalecer la soberanía energética en zonas rurales desconectadas, reducir el gasto en combustibles tradicionales y sustituir fertilizantes químicos.
Sin embargo, la aplicación de biodigestores en Quisqueya todavía es baja. El desafío no se limita a contar con una política pública que impulse su masificación. También incluye ampliar las opciones de financiamiento, pese a los esfuerzos gubernamentales por incrementar los créditos verdes dirigidos a la sostenibilidad del sector.
El ministro de Agricultura, Francisco Oliverio Espaillat, resaltó la importancia de esta tecnología al calificarla como una “alternativa”. No obstante, señaló que se trata de un proceso nuevo que requiere estudios, evaluación de inversión y resultados, instalación de plantas, además de educación y acompañamiento a los productores.
Fertilizantes
El costo de los fertilizantes es uno de los factores que mantiene bajo presión la producción agrícola. El Gobierno ha destinado RD$2,161 millones en lo que va de año para subsidiar estos productos y evitar que su precio final afecte a los productores.
Oliverio Espaillat reconoció que los conflictos geopolíticos internacionales presionan los precios de los fertilizantes. Por ello, el Estado ha tenido que disponer de apoyo tanto en 2022, cuando estalló la guerra entre Rusia y Ucrania, como durante las tensiones en Medio Oriente.
La presión sobre los costos también se refleja en los precios internacionales. De acuerdo con el más reciente informe del Ministerio de Hacienda y Economía (MHyE), titulado “Precios agropecuarios: análisis y seguimiento”, el índice de precios internacionales de los fertilizantes del Banco Mundial se situó en 140.5 puntos en noviembre.
El indicador, que refleja cómo incide el precio de los fertilizantes en la productividad agrícola y en el costo final de producción, registró un incremento mensual de 0.7% y una variación interanual de 17.4%.
Para el subdirector de Extensión de la Dirección General de Ganadería (Digega), Martín Canals, la utilización de biodigestores en las fincas dominicanas contribuiría a disminuir el uso de fertilizantes químicos que generan contaminación. Al ser consultado por elDinero, afirmó que esto favorecería una producción más orgánica, con altos niveles de inocuidad y mayores beneficios desde el punto de vista sanitario para el país.
Retos
Uno de los obstáculos para ampliar esta tecnología es la falta de información precisa sobre los residuos disponibles. El país no dispone de estimaciones ni de un catastro sobre el volumen de residuos orgánicos generados por el sector pecuario.
Aunque no existe un registro exacto de estiércol, el país cuenta con un inventario que supera el millón de cabezas de ganado bovino y cientos de miles de cerdos. Esto representa un potencial teórico de biomasa desaprovechado de miles de toneladas diarias.
Según Canals, actualmente los esfuerzos del Gobierno se concentran en capacitar personal técnico en infraestructura y procesos relacionados con la producción de biogás, fomentar los biodigestores y transformar los residuos pecuarios en materia orgánica para su aplicación en las pasturas y otros cultivos.
“Con esa formación técnica previa sería posible ejecutar un programa serio, con los recursos necesarios, que permita llevar al campo el uso de biodigestores”, asegura el funcionario.
El Gobierno también impulsa una ganadería vinculada al fomento de árboles mediante la implementación de sistemas silvopastoriles y la incorporación de árboles en las fincas, con el propósito de garantizar sistemas de producción más amigables con el medioambiente.
Financiamiento
El acceso al financiamiento es otro de los puntos pendientes. El Banco Agrícola cuenta con líneas de crédito dirigidas al fomento de una ganadería verde en suelo dominicano, pero no dispone de una línea específica para biodigestores, aunque la tecnología no está excluida de sus opciones de financiamiento.
El administrador de la entidad financiera estatal, Fernando Durán, declaró a este medio que la instalación de biodigestores es una actividad todavía poco desarrollada en el país. No obstante, afirmó que la institución cuenta con recursos económicos y está interesada en apoyar este tipo de iniciativas.
Durán destacó que la masificación de esta tecnología y la asistencia técnica son pilares para transformar el campo dominicano. Ante la necesidad de abaratar los costos de producción, sostuvo que la energía juega un rol crítico, un ámbito en el que los biodigestores pueden convertirse en una solución estratégica para reducir la factura energética del sector y contribuir a su competitividad y rentabilidad.
Entre enero y julio de este año, el Banco Agrícola otorgó 304,235 préstamos, equivalentes a RD$389,380 millones. Aunque enero registró una mayor cantidad de créditos, mayo alcanzó el monto más elevado, con más de RD$56,000 millones. Esta data no especifica cuánto de ese financiamiento fue destinado a proyectos sostenibles.
Acceso
Para Osmar Benítez, presidente ejecutivo de la Junta Agroempresarial Dominicana (JAD), el costo de los biodigestores limita el acceso de pequeños y medianos agricultores a esta tecnología. El precio de estos equipos supera los US$10,000, equivalentes a RD$583,811. Aunque la mayoría de las agroindustrias del país ya utiliza biodigestores como fuente de energía, la inversión continúa siendo una barrera para los productores medianos y pequeños.
Por eso, Benítez considera que el sector requiere alianzas con la banca formal para financiar estas inversiones, además de educación sobre alternativas locales de menor costo.
Desde otra perspectiva, la representante en República Dominicana del Instituto Interamericano de Cooperación para la Agricultura (IICA), Gabriela Quiroga, plantea que los biodigestores tubulares de bajo costo representan una alternativa viable para los pequeños productores. Para productores medianos y asociaciones de productores, en tanto, pueden desarrollarse soluciones compartidas que permitan alcanzar economías de mayor escala.
Un caso de éxito en Quisqueya es la valorización de los residuos sólidos que genera el plátano.
“En lugar de desechar la biomasa que queda tras la cosecha, como el bagote y el tallo del racimo del plátano, estos residuos se colocan ordenadamente en una cámara de lixiviación”, explica Benítez.
Con la deshidratación natural del material, la estructura filtra un líquido viscoso de tono vino que se recolecta en tanques para ser reaplicado en el cultivo como bioestimulante y fertilizante orgánico.
De forma paralela, la finca canaliza otros residuos sólidos y desechos orgánicos hacia un biodigestor. El sistema captura el gas metano generado y lo conduce a estufas adaptadas para cocinar los alimentos del personal de campo, reduciendo la compra de gas comercial o combustibles externos.
Benítez enfatiza que este esquema no solo apunta a la sostenibilidad ambiental, sino también a proteger el margen de rentabilidad frente a crisis geopolíticas externas que disparan el costo de los insumos sintéticos.
Al transformar los desechos del plátano en biogás y biofertilizantes, las fincas logran recortar dos de los gastos corrientes más pesados de la estructura de costos agrícolas: la energía y la nutrición vegetal.
Potencial
Para el presidente de la Asociación Nacional de Profesionales Agropecuarios (ANPA), Víctor Hugo Hernández, los biodigestores tienen un “gran potencial”, aunque se abstiene de plantearlos como “una solución milagrosa”.
“Cuando es un producto de buena calidad y se aplica correctamente puede aportar materia orgánica y favorecer la actividad biológica del suelo, algo que los fertilizantes químicos por sí solos no hacen”, manifestó.
Considera que el resultado, sin embargo, dependerá del tipo de suelo, del cultivo y del manejo que se le dé. Hernández explicó que la urea y los fertilizantes químicos tienen una composición conocida y una respuesta rápida.
El digestato, en cambio, aporta nitrógeno, fósforo, potasio y materia orgánica, pero su composición varía según la materia prima con que se produzca. Por ello, destacó la necesidad de analizar el producto y determinar cuánto nutriente realmente está aportando.
“Desde la ANPA apoyamos toda tecnología que haga nuestra agricultura más sostenible y competitiva, pero siempre insistiremos en que las decisiones deben tomarse con base en la ciencia, el análisis técnico y el acompañamiento de los profesionales agropecuarios”, argumentó.
El especialista en Agricultura Familiar de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO, por sus siglas en inglés), Andrés Cedano, sostiene que la utilización de digestato contribuye con la calidad de los cultivos, ya que aporta materia orgánica y nutrientes de liberación más gradual, lo que favorece la salud biológica del suelo a mediano plazo.
Datos de ese organismo proporcionados a este medio establecen que en el país hay instalados 10 biodigestores de tecnología y materiales de alta calidad, así como ocho composteras de materiales especializados, distribuidos en Unidades Productivas Resilientes y Sostenibles (UPRS).
“Se ha capacitado a los productores para que elaboren sus propios biofertilizantes y biopesticidas a partir de otros materiales orgánicos disponibles en su finca, lo que refuerza su autonomía frente a los insumos externos y reduce aún más el riesgo de residuos químicos en los alimentos que finalmente llegan al consumidor”, expresa Cedano.
A su juicio, se trata de una tecnología que resuelve un tema productivo, uno económico y uno ambiental para la familia productora.
Inversión
La experiencia regional también apunta al potencial económico de esta tecnología. Quiroga, del IICA, señala que en América Latina y el Caribe los biodigestores pueden alcanzar recuperaciones de la inversión del orden de dos a cinco años cuando se aprovechan correctamente el biogás y el biofertilizante.
No obstante, aclara que no existe un período único de recuperación, porque este depende de factores como el tamaño de la explotación, el tipo y volumen de residuos orgánicos disponibles y el costo local de la energía. “La rentabilidad mejora significativamente en explotaciones pecuarias, como las porcinas, lecheras o avícolas, donde existe una generación continua de estiércol”, precisa.
Los mejores resultados, añade, se observan cuando el productor utiliza el biogás para sustituir combustibles o electricidad y emplea el digestato para reducir la compra de fertilizantes químicos.
Para Quiroga, un biodigestor requiere un adecuado diseño, operación y mantenimiento para alcanzar su máximo desempeño. Sin embargo, reconoce que todavía existe un amplio margen para mejorar el conocimiento sobre el uso agronómico del digestato como biofertilizante y sobre el aprovechamiento eficiente del biogás. La escala también importa. En muchas explotaciones familiares, detalla, el volumen de residuos orgánicos no siempre permite maximizar el potencial económico de la tecnología.
Investigación
En el ámbito académico también se investiga cómo aprovechar los residuos agropecuarios más allá de su uso como materia prima para crear bioenergía.
Anabel Then, vicerrectora académica de la Universidad ISA, explicó que la institución desarrolla una línea de investigación sobre residuos orgánicos, bioenergía y bioinsumos bajo los principios de la economía circular.
Los estudios de ISA han demostrado el potencial de distintos residuos para producir abonos orgánicos. En arroz, por ejemplo, la aplicación de 20 toneladas por hectárea de humus de lombriz permitió obtener rendimientos de entre 6,040 y 8,800 kilogramos por hectárea, similares a los registrados con fertilizantes sintéticos.
La universidad mantiene, además, investigaciones sobre bioles elaborados con subproductos agroindustriales y cuenta con el Laboratorio Vivo de Lombricultura para la docencia, investigación y extensión.
Estas iniciativas buscan generar evidencia sobre el uso agrícola de los residuos y reducir la dependencia de insumos externos.
Formación
La formación del capital humano aparece como otro componente necesario para ampliar el uso de estas tecnologías.
Then precisa que el sistema de educación superior agrícola de República Dominicana está incorporando contenidos relacionados con la sostenibilidad, la bioseguridad, la gestión de residuos y las energías renovables.
Sin embargo, señala que todavía no se observa una oferta académica consolidada de programas especializados en ingeniería de biogás, economía circular y gestión integral de bioinsumos que permita satisfacer la demanda de técnicos y profesionales que requerirán las granjas del futuro.
Entre sus programas formativos y de capacitación se destacan la Especialidad en Educación Ambiental, la Licenciatura en Gestión Ambiental, el Técnico Superior en Manejo de Residuos y el Diplomado en Bioseguridad en Granjas.
La institución también dispone del Centro de Prototipado y Transferencia Tecnológica de Economía Circular y Agroindustria, orientado al desarrollo, validación y transferencia de tecnologías para la valorización de residuos agropecuarios, la producción de bioinsumos y la innovación en procesos agroindustriales. Este espacio impacta directamente al sector mipymes de la nación caribeña.
“Si bien aún existe una oportunidad para ampliar la oferta nacional de programas especializados en ingeniería de biogás y tecnologías asociadas, la Universidad ISA avanza en la integración de estos contenidos dentro de sus programas académicos, proyectos de investigación y actividades de educación continua, contribuyendo a la formación del capital humano que demandará la agricultura”, resalta.
Salud
El aprovechamiento de los residuos también tiene una dimensión sanitaria.
De acuerdo con el médico veterinario César Alejandro Taveras, el uso de biodigestores en la producción ganadera transforma los desechos orgánicos en un recurso seguro, mejorando la sanidad animal y la productividad de la finca.
Taveras explica que la digestión anaeróbica contribuye a reducir los microorganismos dañinos presentes en los residuos mediante la ausencia de oxígeno, el efecto prolongado del calor y la competencia biológica. Durante el proceso, las bacterias y arqueas beneficiosas ocupan el medio y generan condiciones que dificultan la supervivencia de patógenos como “Salmonella”, “E. coli” y “Clostridium”.
También detalla que la reducción de gases nocivos y vectores dentro de las naves de producción tiene un impacto directo en los índices zootécnicos, como el control del amoníaco y del sulfuro de hidrógeno.
“Un ambiente limpio optimiza el índice de conversión alimenticia (ICA)”, asegura el especialista. Añade que los animales ganan peso más rápido, con entre un 5% y 12% de mejora en la ganancia diaria de peso, y mantienen picos de producción de leche más estables y prolongados debido a la ausencia de estrés ambiental.
Taveras advirtió que aplicar estiércol sin tratar directamente en los pastos puede mantener activos ciclos de parásitos y favorecer la contaminación de las fuentes de agua con microorganismos patógenos.
En cambio, el digestato aporta nutrientes en una forma más disponible para las plantas. Durante el proceso en el biodigestor, el nitrógeno orgánico se transforma en nitrógeno amoniacal, que puede ser absorbido por las raíces del pasto, favoreciendo el rebrote y la densidad del forraje.
Además, el biodigestor evita la competencia por oxígeno en el suelo y protege la microbiota beneficiosa, como las micorrizas y las bacterias fijadoras de nitrógeno.
Al utilizar un biofertilizante libre de bacterias patógenas viables en las zonas de pastoreo, se reduce la presencia de bacterias peligrosas en la superficie de las hojas y se protege la salud del ganado, lo cual garantiza mayor rendimiento.
Investigación
La investigación busca dar el siguiente paso: llevar estas tecnologías desde los laboratorios y proyectos piloto hasta las comunidades rurales.
La Universidad ISA procura acercar sus investigaciones sobre biogás y bioinsumos mediante proyectos aplicados, fincas demostrativas y capacitación a pequeños y medianos productores. Then explicó que la institución impulsa un módulo demostrativo de biodigestión que transformará residuos agropecuarios en biogás y digestato, con el objetivo de evaluar este último como biofertilizante y su efecto en la fertilidad del suelo y la productividad de los cultivos.
La experiencia de ISA en economía circular también incluye una finca en Villa Tapia, donde residuos de plátano y estiércol bovino son aprovechados para alimentación animal, compost y lixiviados.
Según Then, esta práctica permitió reducir el uso de insumos químicos, mejorar la fertilidad del suelo y aumentar en 20% el rendimiento de los cultivos, además de disminuir los costos de producción. La iniciativa busca que los productores agrícolas conozcan y validen estas tecnologías en condiciones reales de producción.
Los resultados serán transferidos mediante capacitaciones, días de campo y demostraciones prácticas, de manera que la biodigestión pueda adaptarse a las condiciones técnicas y económicas de las pequeñas unidades productivas.
Exportaciones
El desafío trasciende las fincas. La sostenibilidad es ahora un requisito para acceder a mercados internacionales con exportaciones, lo que puede hacer a República Dominicana más competitiva en la región latinoamericana.
Compradores, industrias y cadenas de valor incorporan criterios relacionados con la huella de carbono, la gestión ambiental y la trazabilidad de los procesos productivos.
Quiroga sostiene que la tecnología de biodigestión tiene un doble impacto económico y ambiental: convierte un pasivo en dos activos estratégicos.
Por un lado, la generación de biogás disminuye la dependencia de fuentes fósiles y mitiga las emisiones generadas por los desechos ganaderos. Por otro, el digestato actúa como un biofertilizante capaz de sustituir insumos sintéticos, recuperar el suelo y descarbonizar el aparato productivo agropecuario.
“Esto no solo genera ahorros para el productor, sino que también fortalece el posicionamiento de los productos agropecuarios frente a mercados que demandan cada vez mayores estándares de sostenibilidad”, expresó.
Ese doble aprovechamiento resume el potencial de una tecnología que todavía tiene una presencia limitada en el campo dominicano.
Los biodigestores permiten abordar de manera simultánea problemas ambientales y productivos, pero su expansión dependerá de que los productores puedan acceder a financiamiento, asistencia técnica y conocimiento para incorporarlos de forma adecuada a sus sistemas de producción.
Más que una alternativa para el manejo de residuos, la biodigestión plantea una forma distinta de entender los desechos agropecuarios: como una fuente de energía y nutrientes que puede permanecer dentro del ciclo productivo.
El reto para República Dominicana está en crear las condiciones para que ese potencial pase de experiencias puntuales a un mayor aprovechamiento en las fincas de producción de diversos bienes de consumo nacional y exportables.