En algo estamos de acuerdo todos los dominicanos: queremos un mejor país. Ahora bien, ¿qué estamos haciendo para lograrlo? Muchos hacen muy pocos y muy pocos hacen mucho, pero estos últimos, por el hecho de no ser la mayoría, no logran las transformaciones que merece esta sociedad.
Si cada quien hiciera lo que socialmente le corresponde la realidad fuera otra en términos de desarrollo económico y social en República Dominicana. El Mes de la Patria es propicio para impulsar cambios positivos y permanentes.
Los políticos, empresarios, empleados, maestros, sindicalistas y todo aquel que se sienta comprometido con un mejor país está en la obligación de aportar a los mejores intereses de esta patria que nos legaron José Núñez de Cáceres, Juan Pablo Duarte, Matías Ramón Mella, Francisco del Rosario Sánchez, Gregorio Luperón, María Trinidad Sánchez, José María Cabral, Benigno Filomeno de Rojas, Antonio Duvergé, Felipe Alfau, Juan Bautista Cambiaso, Juan Bautista Maggiolo, Juan Alejandro Acosta, Manuel de Regla Mota, José María Cabral, José María Imbert, Pedro Eugenio Pelletier y José Joaquín Puello, entre muchos otros que sembraron el sentimiento de dominicanidad en todos nosotros.
República Dominicana es una nación adulta, mas no ha madurado en términos de ejecución de políticas de desarrollo. El “repentismo”, cual si fuera una obra de teatro sin guion, nos ha caracterizado. La Estrategia Nacional de Desarrollo (END) ha sido el intento más loable desde el punto de vista institucional. El reto ha sido cumplir con lo que está plasmado en el papel.
En estos días la Patria está de cumpleaños, y sería una buena excusa o razón para revisar nuestra actitud como ciudadanos. El orgullo nacional no sólo se demuestra izando nuestra bandera o con algún adhesivo alegórico, sino también haciendo las cosas correctamente, aportando al desarrollo social, humano y económico de República Dominicana.
¿Cómo aportaría cada quien su granito de arena? Todos debemos echar de lado nuestros intereses particulares sin que signifique sacrificar el bienestar de nuestras familias, todo lo contrario: ahí está la primera razón.
A los políticos les toca administrar la cosa pública con pulcritud, transparencia, autoridad y humildad. Jamás deben perder el enfoque de la oportunidad que les dio el pueblo para que estén al frente del Estado. A los empresarios corresponde cumplir con sus obligaciones como entes productivos y generadores de oportunidades de desarrollo, mientras que los empleados deben aportar sus conocimientos para mejorar la productividad. Todo es un camino de doble vía.
Educación
Los maestros tienen por delante el reto de poner a germinar en los cerebros de nuestros ciudadanos la semilla del desarrollo integral. Los sindicalistas, sin importar la entidad que representen, deben entender que su papel no debe ser sólo encarnar los intereses de su grupo, sino que deben ponerse del lado de la mayoría y no actuar como cárteles herméticos que impiden el desarrollo.
En fin, a todos nos toca algo. El ministro de Hacienda, Simón Lizardo Mézquita, ha dado a conocer cifras que son realmente alarmantes sobre el nivel de subsidio que reciben unos pocos, pero con la agravante de que esos incentivos fiscales no se traducen en bienestar o mejoría.
“Muy alto, estamos hablando de más de RD$200,000 millones, es decir, 7% del PIP. Eso tiene que ir a una discusión posterior del país, porque no es que el gasto tributario sea del todo malo, lo que estamos diciendo es que es muy alto en comparación con los ingresos del gobierno; es el 50% de la presión tributaria”, indicó Lizardo Mezquita esta semana.
Ya elDinero, en su edición del 2 de este mes, había dado la voz de la alerta respecto al monto de las exenciones tributarias que reciben importantes sectores de la economía, las cuales, según el presupuesto de este año, llegan a RD$201,751 millones, la mayoría por tratamientos fiscales privilegiados a empresas y personas físicas que se escudan en la falta de competitividad.
Lizardo Mézquita también hace otra revelación. El gobierno reconoce que debe trabajar con ahínco, y al parecer lo está haciendo, para disminuir la evasión, principalmente del Impuesto a la Transferencia de Bienes Industrializados y Servicios (ITBIS), obligando a que todos los sectores que retienen este tributo se vean obligados a reportarlo a Impuestos Internos.
Quien retenga un impuesto y no lo reporte a Impuestos Internos está haciendo un servicio muy flaco al Estado, y por lo tanto no está actuando conforme a lo que debería ser un ciudadano responsable. Así no se hace patria.
Gasto tributario
La información de que las exenciones fiscales representan el 50% de los ingresos fiscales del gobierno es preocupante.
El jefe del equipo económico del gobierno explicó que de acuerdo a las proyecciones que se pactaron en la Agenda Nacional de Desarrollo, la presión tributaria debería estar en 2015 en un 16%, es decir, que en estos momentos está en dos puntos porcentuales menos que lo que el país había acordado.
Lo que el funcionario deja claro es que el gasto tributario en que incurren las autoridades es muy alto, cuando el gobierno tiene necesidad de mayores ingresos para seguir mejorando la calidad de vida de la población.
Resta esperar que hagamos lo que debemos hacer como ciudadanos. El bienestar común se traduce en ventajas particulares. Ahora bien, si actuamos pensando sólo en el interés singular no habrá forma de ver mejoría en los indicadores que nos colocan en un nivel que dista mucho de lo que debe ser un país en vías de desarrollo o de ingresos medios.
A pesar de las dificultades que tiene el gobierno para incrementar sus ingresos, la reducción del petróleo ha traído una dosis de optimismo importante en algunos funcionarios. Pero hay que tener cuidado…











