República Dominicana se abocará a un gran cambio de gobernanza, pasando de un Estado dominado por el PLD, a uno en el cual el PRM tendrá la preponderancia. Esta elección representa un cambio generacional, tanto en el ámbito de las figuras políticas como en la configuración de los actores nacionales, y constituye una importante oportunidad para dar un paso hacia delante en nuestro país.
Para muchas personas, al pensar en el gran desafío que tendrá Luis Abinader una vez asuma la Presidencia a partir del 16 de agosto, inmediatamente asumirán de que dicho desafío se trata de la crisis sanitaria y económica causada por el Covid-19. Si bien es cierto que esta lamentable situación constituye un gran reto para la nación, también lo es para todo el mundo, y no hay dudas de que requerirá de un gran sacrificio nacional para superar.
Sin embargo, el desafío más importante que deberá enfrentar el presidente Luis Abinader será de mantener la credibilidad y confianza ante el pueblo dominicano, el cual mayoritariamente le ha dado su voto a él, y a los otros candidatos y candidatas de su partido, porque creen que es necesario mejorar la transparencia en la administración de recursos del estado.
En primer término, es hora de reformar la ley de compras y contrataciones, y hasta antes de eso, terminar con la mala práctica de uso de la misma para compras del estado que son amañadas. El método es harto conocido: licitaciones “hechas a la medida”, que si bien cumplen con la ley en sentido textual, no cumplen con el espíritu de la misma. Es urgente reformar este aspecto, pues sin transparencia en las compras y contrataciones del estado, no habrá confianza en la pulcritud de sus funcionarios.
Por otra parte, la designación de un Procurador General que sea verdaderamente independiente, y que tenga el respaldo del Presidente para accionar en casos de corrupción administrativa –sea cual sea la persona o su afiliación partidaria– es un reclamo generalizado de la población. Sin un ministerio público que esté en condiciones de asegurar que el régimen de consecuencias se haga efectivo, tampoco será posible atender este reclamo popular.
Finalmente, en un país en vías de desarrollo como este, es necesario que el estado brinde asistencia a los más necesitados. Pero esa asistencia no se debe devenir en clientelismo, sino debe ser asistencia que levante a la gente, la saque de la pobreza para que puedan mantenerse a sí mismos, no hacerse dependientes de la asistencia del estado de manera permanente. Se deberán reformar y replantear los programas de asistencia con este fin, para que el estado sea un motor de movilidad económica, y no una herramienta política.
El presidente Abinader, cuando asuma el cargo el 16 de agosto, tendrá una gran oportunidad de demostrar que representa un nuevo liderazgo. Para hacerlo, su gran desafío será romper con los esquemas tradicionales de impunidad y clientelismo, y de esta forma, llevar la República Dominicana hacia un camino más próspero y optimista.












