Hay muchas emociones y respuestas positivas por las designaciones que hasta la fecha ha anunciado el presidente electo Luis Abinader. Podría decir, incluso, que hay algunas efusividades que han tocado (o sobrepasado) la cima de la alegría de muchos dominicanos que consideran que llegó el gobierno del cambio. Y no tiene por qué no ser así. El 52.52% de los dominicanos que votaron así lo decidió.
Las felicitaciones de ciudadanos comprometidos con un mejor país y con deseos de que se cambie el sistema de impunidad y corrupción, que según la opinión de una mayoría personifica el gobierno de Danilo Medina, llueven a cántaros. Sólo hay que ver (y darle seguimiento a) las redes sociales cada vez que el próximo presidente de la República anuncia quiénes formarán parte de su gabinete. La aprobación, con muy escasas excepciones, ha sido prácticamente al cien por ciento.
En medio de la euforia por las designaciones hay dos puntos a tomar en cuenta: que el próximo gobierno hereda una realidad económica muy cruda, mucho más incómoda que la recibida por Rafael Leónidas Trujillo, quien tuvo que enfrentarse a dos retos: la crisis financiera de 1929-1933 y el ciclón San Zenón de 1930. Y la otra: la pandemia por el covid-19.
En materia económica, el presidente electo ha logrado llenar las expectativas, especialmente porque ha colocado en posiciones clave a profesionales con altísima capacidad y demostrada probidad. Sin embargo, la crisis por la parálisis de los sectores productivos más importantes, producto de los efectos del covid-19, pondrá a prueba su capacidad.
Con toda responsabilidad y dolor (y hasta con pena) debo decir que habrá algunos tragos amargos. Y hay que decirlo: Habrá corruptos y ladrones en el Gobierno; se presentarán casos de tráficos de influencia, de funcionarios charlatanes, sinvergüenzas, descarados y abusadores de su posición. Lo más probable es que habrá mucho de nepotismo, una característica que ha sido un común denominador en las administraciones públicas. Aunque penoso, es una realidad que veremos en más de una oportunidad. Usted, amigo lector, puede tomar esta afirmación como una premonición o como un preaviso de lo que sucederá. Esto sucederá a pesar de que quienes “metan la mano” conocen muy las consecuencias de “portarse mal”, pero quizá pasen por alto que la sociedad de hoy es diferente.
Por suerte, y es bueno decirlo a boca llena, la sociedad está más empoderada que nunca. Por el ADN de algunos de los que lleguen a la administración pública, también habrá escándalos. Sí, así es, por su ADN corrupto, pues esperarán la mínima oportunidad para corromper o corromperse. Supongo que el presidente Luis Abinader está preparado para lo que viene. Y créanme: quiero equivocarme.










