El gobierno que preside Luis Abinader cumplió sus primeros dos meses. Ha sido costumbre, por respeto a diversos factores, otorgar una “gracia” o especie de “luna de miel” de por lo menos 100 días a una nueva administración en el Estado.
¿Ha sentido usted alguna “tregua” con la gestión que se inauguró el 16 de agosto de este año? Si mira o analiza todo lo que ha sucedido en los últimos dos meses, especialmente con los escándalos surgidos desde las mismas entrañas del Gobierno, posiblemente han sido los miembros de esa organización quienes no han dejado espacio.
Sabemos de funcionarios que no han aguantado el “fuete” al admitir que ciertamente hay mucha presión de parte de las llamadas “bases del partido” por lograr un puesto en el “tren gubernamental”. Ahora bien, analizando el fenómeno del derecho que tiene un “ciudadano” a ocupar un puesto en el Gobierno, sólo tomando en cuenta que “se encaramó” en la patana a hacer campaña política-proselitista para que su candidato llegue a la Presidencia, es pertinente hacerse la siguiente pregunta: ¿Es acaso el Estado una pizza del que debo tener mi pedazo porque sí y sólo sí me “fajé” por el candidato?
Este escenario no es nuevo. Se ve cada vez que hay un cambio de gobierno, especialmente si es de un partido diferente. A mi entender, esto no es más que una debilidad estructural que tiene nuestra economía: un mercado laboral distorsionado por la falta de educación y la incapacidad del Estado de generar las condiciones necesarias y adecuadas para que el sector privado sea el que genere fuentes suficientes de empleo de calidad.
Y quizá debería agregar otra variable: la cultura del clientelismo político que ha acostumbrado a una parte importante de la población a depender del Estado, ya sea a través de un empleo (que a veces es sólo un salario) o de un programa social. También es pertinente analizar que la clase política, en términos reales, se beneficia de esta alta ponderación de ignorancia que hay en una parte de la población, pues son esos los que votan por un pica pollo y 500 pesos.
Mientras veamos programas como “Comer es primero” con casi 900,000 personas beneficiadas y otros tantos mecanismos de subsidio del Estado, que no son más que “placebos”, ya que no curan la real carencia que es la pobreza, estaremos sumidos en el subdesarrollo social y económico.
Un ejemplo de lo mal que hemos invertido los recursos públicos en cuanto al objetivo de sacar a más personas de la ignorancia, no de la pobreza, es el 4% del PIB a la educación. ¿De qué nos han servido los más de RD$950,000 millones invertidos en este sector en los últimos siete años? Saque usted sus conclusiones.
Mientras tengamos domincanos que esperan un salario del sector público para obtener un ingreso, muchas veces por debajo de sus expectativas, seremos un país repleto de personas cuyas aspiraciones no pasarán del deseo de cubrir las necesidades básicas de todo animal: comer, comer y comer. Son los ciudadanos los que deben cambiar, no los gobernantes.









