Sin ánimos de generar un ensayo basado en la obra más célebre de Adam Smith, publicado el mismo año en que se declaró la independencia de los Estados Unidos, me sentí tentado a hacer un ejercicio opuesto a los análisis que procuran orientar iniciativas para que las economías entren en una dinámica de círculo virtuoso.
Intentaré demostrar como también existen dinámicas planificadas y asumidas como políticas económicas, destinadas a generar el efecto contrario.
Cuando una economía escoge el camino de los subsidios, la estatización, el control de precios, la devaluación de la moneda, el alza de impuestos, el crecimiento de la nómina de empleados públicos, la inseguridad jurídica, el fomento de la corrupción, el incremento del gasto público, el endeudamiento y la asfixia al emprendedor; se llega al conocido modelo venezolano, diseñado y exportado con base a la experiencia cubana.
Los defensores del narco socialismo bolivariano, culparán al Imperio de todos los males que ellos mismos procuran con un solo fin: la total dominación de la población.
Un país quebrado y en la miseria, es un país fácil de gobernar. La gente se acostumbra a las dádivas, agradece cualquier migaja que el régimen les haga llegar y simplemente manifiestan su malestar en voz baja mientras hacen remembranza de aquello que tanto criticaron.
Para lograr que todo fluya, hace falta un estamento represivo sin escrúpulos. Escuadrones de la muerte encargados de apaciguar o exterminar la disidencia.
Otro ingrediente fundamental es la clase política de oposición connivente y medios de comunicación entregados al ocultamiento de la verdad.
Por último, anular las instituciones que puedan ejercer contrapeso y ello incluye la Iglesia. Cualquier vestigio de moral es altamente contraproducente. El ciudadano debe mantenerse dentro de un esquema de aceptación incondicional de cualquier decisión del régimen, so pena de aislamiento social, pérdida de beneficios, empleo, prisión o muerte.
Es un manual que funciona y ha dado los frutos necesarios para lograr expoliar las riquezas de una nación y convertirla en plataforma internacional de ilícitos de todo tipo; léase: tráfico de drogas, armas, órganos; trata de blancas; tráfico de minerales preciosos. En fin, un país hecho botín de unos facinerosos que han construido su organización criminal a base de imponer un régimen político del que numerosos países en el mundo hoy alardean y/o padecen.
Son un cáncer hecho metástasis que se esparce con rapidez para evitar que el paciente cuente con cualquier posibilidad de recuperación. Venezuela se ha convertido en paradigma mundial. 20 años de crímenes documentados que han asolado al otrora país más rico de la región; mientras multiplicidad de voces internacionales en altos cargos, continúan convenientemente hablando de dialogo con el secuestrador e impidiendo acciones liberadoras de fuerza.
La historia solo se ha encargado de documentar el oprobio que vive un país que llegó a ser considerado un paraíso para migrantes y hoy es un exportador neto de cerebros, profesionales y pueblo desesperado por su miseria.
No son pocos los Zapatero que lavan la imagen de los verdugos que destruyen Venezuela. No son muchos tampoco, los que intentan acabar con lo que allí ocurre.
Durante la administración Trump se tuvo esperanzas, hasta cierto punto, de ver perfeccionada una medida de fuerza; pero ningún aliado con perfil demócrata quiso tomar parte de la gesta emancipadora de un país sitiado por fuerzas invasoras.
Con la actual administración Biden, esas esperanzas se desvanecen. El Partido Demócrata está fuertemente penetrado por fuerzas “progresistas” que defienden a ultranza el establishment tiránico venezolano y ven con simpatía a Cuba, Nicaragua, China, Corea del Norte, Rusia y la actual España.
En Europa, el gobierno socialista comunista de Sánchez e Iglesias conformado por separatistas y terroristas, no solo tergiversa ante Europa lo que ocurre en Venezuela, sino que trabaja raudo por replicar lo que ha construido el Chavo-Madurismo en 20 años.
España está en peligro. Están en manos de un Gobierno de radicales convencidos de que un círculo vicioso bien estructurado los eternizará en el poder y eso es absolutamente cierto. De allí que todas las políticas que adelantan en época de pandemia están destinadas a destruir inmisericordemente la economía española.
La Naturaleza y causa de la ruina de las naciones, en definitiva, tiene que ver con los modelos políticos que intentan imponer autocracias en sociedades derruidas, tan ocupadas en su sobrevivencia, no puedan hacer frente al tirano.
Dios proteja al planeta del progresismo depredador, creador de miseria y regímenes autoritarios.
Viva la democracia, viva la libertad!











