La pandemia del covid-19 tuvo dentro de sus principales víctimas a las micro, pequeñas y medianas empresas (mipymes), tanto las formales como las informales, ocasionando esto, a su vez, la pérdida de millones de empleos en la casi totalidad de los sectores productivos a nivel mundial.
Esto fue particularmente gravoso para las economías en proceso de desarrollo, las cuales no solo perdieron empleos y disminuyeron su producto interno bruto, sino que también elevaron los niveles de pobreza y marginalidad, al tiempo que profundizaron en la ya eleva desigualdad existente entre ricos y pobres.
A ese respecto, la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal) estimó que cerca de 2.7 millones de mipymes habrían podido cerrar al finalizar el 2020, lo que representaba el 19.0% de todas las empresas de la región, siendo el mayor porcentaje el de las microempresas, que alcanzarían el 21% en términos de la cantidad de empresas cerradas como consecuencia de la crisis económica generada por el coronavirus. En cuanto al empleo, la Cepal calcula que alrededor de 8.5 millones de puestos de trabajo se habrían perdido como resultado de la crisis, estando también el mayor porcentaje en las microempresas.
Como se sabe, los gobiernos de las naciones estuvieron muy activos en responder no solo a la crisis sanitaria, sino también a la crisis económica que la primera trajo consigo. Es así, que los programas de estímulo al consumo, dirigido a los trabajadores, y de incentivo a las mipymes en toda América Latina y el Caribe, no se hicieron esperar, lo que representó un importante alivio para estos agentes de la economía. En el caso dominicano, un primer ensayo se realizó a mediados del 2020, cuando se puso en marcha un fondo de asistencia social al empleado, entre otros programas, además de que se dispuso la implementación de políticas monetarias expansivas, a partir de lo cual se colocó una gran cantidad de recursos financieros para el acceso de las familias y los sectores productivos.
Aunque las medidas implementadas por el gobierno anterior lograron impactar en determinados sectores de la economía, la recuperación de las mipymes dominicanas ha sido relativamente lenta, sobre todo porque, se aduce, dichas medidas fueron insuficientes y poco profundas.
Es en ese contexto que las nuevas autoridades gubernamentales, encabezadas por el presidente Luis Abinader, han puesto en marcha un Plan de Reactivación de las mipymes, a partir del cual se busca disponer de más de RD$4,000 millones a través de entidades dominicanas que sí trabajan directamente con las unidades productivas de menor tamaño relativo, tales como Promipyme/Banca Solidaria, Fundación Reservas del País, Banco Agrícola, Idecoop, además del Banco de Reservas, mediante la Fiduciaria Reservas.
Varias cosas importantes que se deben tomar en consideración en este Plan de Rescate. En primer lugar, se debe entender que no solo es dinero lo que necesitan las mipymes para su reactivación, sino también mercados, es decir, consumidores, y en eso también hay que trabajar. En segundo lugar, no se debe prestar un solo centavo a ningún empresario sino se asegura una asistencia técnica a la empresa y capacitación para los mismos empresarios y sus trabajadores y, por último, conviene darle seguimiento y monitorear la ejecución de este ambicioso plan. Si estos tres elementos se logran, den por seguro que el cambio también habrá llegado a las mipymes dominicanas.






