Un debate interesante se ha suscitado en los medios de comunicación, a partir del anuncio realizado la semana pasada por los industriales procesadores de harina, con relación a la posibilidad de que el pan popular, de agua y sobao, suba de precios.
Para nadie es un secreto que el pan es uno de los componentes de la canasta básica dominicana, no en cuanto al peso relativo en términos de gastos, sino en cuanto a su importancia específica como bien de consumo masivo. A ese respecto, la cultura del dominicano es que el pan es parte de su desayuno habitual y, en muchos casos, también de su cena, sin dejar de lado que, un porcentaje importante de los restaurantes, lo pone como entrada en el almuerzo. Es decir, que se consume a diario, mínimo, dos veces al día.
Argumentan los medianos y pequeños industriales de la harina, agrupados en la UMPIH, que por años ellos han venido absorbiendo el aumento en el costo de los principales insumos que se utilizan en la elaboración del pan, ya que no lo han podido traspasar al precio, pues siempre han tenido que ceder y, en algunos casos, negociar con las autoridades gubernamentales para que este producto no se venda a más de cinco pesos la unidad, lo que representa apenas 0,1086 centavos de un dólar.
Pero el problema de los industriales con sus costos operativos es aún mayor, pues tampoco pueden transferir al precio final de este bien, el Impuesto a la Transferencia de Bienes Industriales y Servicios (ITBIS) que tienen que pagar por la adquisición de determinados insumos que también se utilizan en la producción del pan. Esto implica que el sacrificio es doble, y también es doble la disminución en los niveles de rentabilidad que han tenido las panaderías durante los últimos años.
Pero añádale al problema de los costos operativos de estos pequeños negocios, el tema de los efectos negativos que ha tenido la Pandemia del covid-19, lo cual se ha expresado, fundamentalmente, en una disminución de las ventas, por razones obvias, y en la imposibilidad de continuar vendiéndole al Estado, como proveedores del desayuno escolar, porque las escuelas están cerradas.
El drama es, evidentemente, gravoso para los industriales procesadores de la harina, tanto así que su matrícula asociativa presenta una baja de 247 negocios, los que ha cerrado sus puertas como resultado de la crisis sanitaria, mientras que otro porcentaje importante de los asociados continua operando con serias dificultades.
En este caso, el incremento en el precio del pan que se plantea, es de alrededor de un 40%, lo cual no es un desatino ni una idea descabellada, es solamente la compensación que buscan los productos de pan por el incremento que han tenido en sus costos de producción, lo cual debería ser algo normal si se tratara de otros artículos con otras características. Pero los representantes de los industriales de la harina están conscientes de los efectos que esta decisión puede tener en los bolsillos de la población pobre de República Dominicana, por lo que han presentado algunas propuestas a las actuales autoridades gubernamentales para buscarle una salida, justa para todos, a este tema.
Hasta el momento, la receptividad del presidente Luis Abinader frente a esta situación ha sido total, al igual que la atención que le ha puesto el ministro de industria y comercio y mipymes, por lo que se augura, prontamente, el establecimiento de un acuerdo entre las autoridades gubernamentales y un sector que, como la industria de la harina, siempre ha dado muestras de sensibilidad frente a la situación de la población dominicana.











