[dropcap]A[/dropcap] medida que un país avanza en la mejora de sus parámetros sociales, políticos y económicos se van incorporando nuevas costumbres, hábitos y formas de interactuar. República Dominicana no es ajena a la evolución constante que viven todas las sociedades de consumo y, como tal, experimenta los cambios y transformaciones que exigen las sociedades avanzadas.
Uno de estos cambios afecta a la manera en cómo una compañía u organización afronta su política comunicativa. El sector empresarial, en este sentido, se encuentra en la tesitura de incorporar una nueva cultura en el ámbito de la Comunicación que exige transparencia con el entorno de la organización: clientes, trabajadores, administración, suplidores y comunidad en general.
En definitiva, una comunicación horizontal y vertical que interactúe con sus audiencias y facilite el contacto directo con ellas con el fin de mejorar la imagen global de una organización. Se ha avanzado mucho en este aspecto pero queda todavía un largo camino por recorrer.
El carácter familiar que caracteriza al tejido empresarial dominicano siempre ha sido una fortaleza para la economía de este país. Sin embargo, más allá de acciones puntuales de relaciones públicas o cambios generacionales, la empresa familiar no ha sistematizado ni considerado tradicionalmente la Comunicación como una herramienta de gestión estratégica.
Una situación que comienza a revertirse en la actualidad a medida que nuevas generaciones familiares se incorporan a las compañías y profesionales externos asumen responsabilidades en este tipo de sociedades. De este modo, la Comunicación pasa a ser prioritaria, como son también las políticas comerciales o de márketing.
En efecto, contar con una política de Comunicación clara y efectiva comienza a formar parte de las líneas estratégicas empresariales como parte del objetivo del éxito en los negocios. Una Comunicación que ayude a motivar e involucrar a los trabajadores en objetivos comunes para la organización, que cree una reputación pública conforme a la misión, visión y valores de las empresas y que construya puentes entre el buen gobierno de éstas y las comunidades de su entorno.
La estrategia de comunicación empresarial debe procurar que un cliente, empleado o suplidor opte por comprar un producto o servicio o proponga una asociación en función de cómo ellos perciban a su organización. Pero lo más importante aún es cómo ellos ubiquen a su compañía en relación a su competencia más directa.
La transparencia en la Comunicación, en cambio, forma parte de la cultura de otras organizaciones empresariales, como las que cotizan en Bolsa. El mercado de valores dominicano, como otros puestos de bolsa mundiales, exige elevados niveles y estándares de transparencia informativa a sectores como el financiero, energético o industrial; una cultura extendida internacionalmente y que facilita el contacto entre el emisor y el inversionista.
Esta misma cultura impera en grupos denominados “multinacionales”, que adoptan parámetros estrictos en materia de Comunicación y comparten estrategias integradas de la misma en todos los países en donde están presentes. Además, cuentan con canales activos de Comunicación interna y una constante interacción con los agentes que, de una forma o de otra, intervienen en su actividad (proveedores, instituciones, etc..).
Considero, por tanto, una buena noticia que el sector empresarial de República Dominicana incorpore de forma progresiva una cultura de Comunicación con las mismas exigencias de claridad, transparencia y eficiencia que el resto de los países vecinos más avanzados.
Más allá de la gestión puntual de un acontecimiento (evento, crisis, noticia), el manejo de la Comunicación debe dirigir a las compañías a crear una notoriedad social adecuada a su propia identidad. Y el sector empresarial dominicano va por el buen camino.
El autor es asesor en comunicación estratégica











