La discusión acerca de proceder a realizar una reforma integral del Código Tributario (CT) y sus normas complementarias, en una denominada “reforma fiscal” o el “Pacto Fiscal”, ha cobrado mayor velocidad en los últimos días. En este sentido, se han presentado declaraciones y propuestas de diversos sectores sobre aspectos que deben ser reformados y otros que, según entienden algunos sectores, no deben ser modificados.
La principal necesidad de una reforma fiscal se debe a que los ingresos del Estado, según se comenta, no son suficientes para cubrir los gastos y la inversión requerida por el país. Es indudable que la presión tributaria en República Dominicana es relativamente baja respecto a otros países en la región y pudiera ser aumentada.
A pesar de que el CT data del año 1992, la legislación no se ha mantenido estática desde esa fecha, pero los cambios que se han realizado, tanto por vía legislativa y por vía administrativa, han sido mayormente “parches fiscales”, para subsanar una determinada situación particular o específica que se ha presentado. La necesidad que se presenta ahora es de una reforma fiscal integral. Ésta versaría sobre tres principales temas: ampliar la base de los impuestos (qué aspectos del aparato productivo grava el impuesto), las tasas del impuesto y las exenciones.
Respecto a la ampliación de la base del impuesto, la historia reciente en muchos países arroja que es quizás la forma más efectiva de aumentar las recaudaciones. De hecho, en cuanto a las tasas, República Dominicana ya cuenta con algunas muy altas en relación con las de otros países (27% de impuesto sobre la renta para empresas, 25% para personas físicas, y 18% de Impuesto a la Transferencia de Bienes Industrializados y Servicios -ITBIS-).
La experiencia empírica de otros países confirma que aumentar las tasas más allá de niveles racionales tiene como consecuencia reducir los ingresos, pues aumenta la evasión y elusión debido al alto componente gravado. Por ende, ampliar las bases para que los impuestos graven otras operaciones y bienes es el curso más lógico ante cualquier reforma.
Por igual, aunque se hace necesario revisar exenciones de manera integral, no se debe considerar que son la causa de la necesidad de ingresos. En muchos casos, las exenciones han servido para crear o fomentar industrias en el país y aunque representan sacrificios fiscales, compensan al servir para ampliar la base productiva nacional.
Cualquier reforma fiscal también debe versar sobre mejoras en la eficiencia y racionalización del sistema fiscal. Por ejemplo, los anticipos, las retenciones de ITBIS y otros elementos hacen que el sistema fiscal dominicano sea muy complicado y caro para los contribuyentes y hasta para que la propia DGII pueda trabajar con eficiencia.Para reducir la evasión y elusión es crítico tener un sistema sencillo y fácil de aplicar para su cumplimiento.
Si se acerca la hora de la reforma fiscal, que debe realizarse mediante el consenso de todos los sectores nacionales, se deben identificar las formas más efectivas para alinear el sistema fiscal con el aparato productivo nacional, y no lesionarlo para aumentar las recaudaciones.






