Con el reciente rebrote del covid-19 en República Dominicana, cobra mayor importancia la colaboración y cooperación de la población en el proceso de vacunación masiva. Lamentablemente, todavía parte de la población está escéptica sobre las vacunas, y se niega a recibir las dosis que no solo pueden salvar sus vidas, sino también la de seres queridos y permitir que el país salga adelante.
En el marco del escepticismo sobre las vacunas -además del tema del “fake news” y la divulgación de estos elementos falsos a través de plataformas de redes sociales (un tema para otra entrega)- se encuentra un comentario recurrente de que las vacunas han sido hechas “muy rápidamente”. Es decir, el hecho de que las vacunas contra el covid-19 hayan sido desarrolladas en un tiempo récord genera suspicacia entre ciertos sectores de la población.
Sin embargo, el hecho de que hayan sido desarrolladas de manera tan expedita es un caso de éxito, pues demuestra que la ciencia moderna tiene posibilidades que sencillamente no eran factibles hace 10 años y mucho menos hace 100 años, cuando ocurrió la última pandemia. Pero también merece tomar un tiempo para explicar el porqué la ciencia y la tecnología han llegado a este punto.
La protección de medicinas a través de las patentes siempre ha generado controversia, pues algunos entienden que una patente, que da un derecho exclusivo de producción y comercialización de un producto por un tiempo definido, es contrario al principio de que todos deben tener acceso a las medicinas. Pero la otra cara de la moneda es que la innovación y la creación requieren de incentivos, y si bien puede darse el caso que la protección por patentes genere situaciones incómodas a nivel humano, no es menos cierto que sin esas patentes no se hubiera producido la medicina, en primer lugar.
En el caso de las vacunas contra el covid-19, se ha comentado en varias instancias la posibilidad de suspender el disfrute de la protección de patentes para facilitar su producción y distribución a nivel mundial. Este comentario ha sido hecho hasta por el presidente Biden, algo que ha sorprendido, pues los Estados Unidos ha sido uno de los más tenaces defensores de los derechos de patentes a nivel mundial.
A nuestra consideración, sería un error suspender o revocar los derechos de patentes respecto a estas vacunas. Si bien puede ser el caso de que, a corto plazo, se pueda obtener cierto beneficio del aumento de producción de las vacunas, ya estamos viendo que el problema no es únicamente un tema de su manufactura, sino de concientización para que la población acuda en masa a ser vacunada.
Por el contrario, este curso de acción pudiera causar daños a largo plazo para el desarrollo de nuevas medicinas y tratamientos a las enfermedades que aquejan a la humanidad, incluyendo una próxima pandemia. La única forma que ha avanzado la humanidad es a través de la creación de incentivos para la innovación y eliminar estos incentivos tendría un efecto negativo para nuestro futuro.
Es por esto que se deben proteger los derechos de los que han creado estas vacunas de maravilla.










