“Lo absurdo de una cosa no prueba nada contra su existencia, es, más bien, condición de ella”.
Friedrich Nietzsche.
[dropcap]N[/dropcap]o hay ningún absurdo que no haya pasado por la cabeza de algún político o “estadista”. Y de absurda califico la medida dispuesta por las autoridades haitianas que limita a “todos” (ese todos somos nosotros, los dominicanos) sus socios comerciales en cuanto a la vía de ingreso a Haití de 23 productos de origen industrial, los cuales estaremos obligados a enviar por vías aérea o marítima a partir del próximo jueves, 1 de octubre.
No logro discernir del todo la polaridad racional/irracional que en muchas ocasiones norma las relaciones domínico-haitianas (en lo político, pero también en lo económico, lo cultural, lo social), pero hoy me permito reflexionar sobre algunas características de esta racionalidad-irracionalidad.
La Oficina Nacional de Estadística (ONE) hace circular una gráfica ilustrativa sobre la vía de nuestras exportaciones hacia Haití.
Aunque la nota pone énfasis en que el 88.72% de nuestras mercancías exportadas en el período enero-junio del 2015 lo fueron por la vía terrestre, quiero poner el énfasis más en la geografía que en las estadísticas y lo hago en forma de preguntas:
¿Qué le espera –en términos de costo- a un producto industrial elaborado en la región del Cibao que ha de dirigirse primero a San Pedro de Macorís, Haina Oriental u otro puerto para ser enviado a un puerto haitiano desde el cual, a su vez, debe ser transportado internamente hacia un pueblito lejano de ese puerto?
¿Un pueblito haitiano cercano a nuestra frontera común ha de abastecerse desde uno de los puertos haitianos, cuando podría hacerlo simplemente cruzando dicha frontera?
La ONE indica, en su nota, que en el caso de una serie de productos el 100% se hizo por vía terrestre, entre los cuales estuvieron: la harina de trigo, aceite para consumo humano, galletas, envases foam, detergentes en polvo, utensilios plásticos del hogar, pastas alimenticias, harina de maíz, tubos de PVC, jugos en polvo, mantequilla, hierro para la construcción, snacks, jabón de lavar, bizcochos, maquinarias pesadas para construcción, refrescos y los colchones… ¿no consumen estos productos los pobres haitianos?
La medida de su gobierno ¿no va contra su propia gente y en defensa de una cúpula industrial haitiana? ¡Y especialmente contra la gente que vive más alejada de sus puertos!
El contrabando como salida se fortalecerá, porque habrá “cogioca” de “autoridades” a ambos lados de la frontera para que pase un camioncito cargado de alguna de estas mercaderías y que será esperado por algún comerciante del otro lado.
¿Quién gana en Haití? ¿Qué nombres y apellidos estarán detrás de la medida?
¿Habrá también un interés electoral, dado que al presidente haitiano se le ha indicado, de parte de Estados Unidos, que ha de entregar el poder?
Las cifras preliminares de las exportaciones dominicanas hacia Haití durante el periodo enero-junio 2015 ofrecidas por la ONE reflejan que el 11.22% (US$59.1 millones) fue exportada vía marítima, y por vía aérea el 0.06% (US$0.3 millones), es decir, alrededor de US$300,000.
Las principales colecturías para el transporte de mercancías hacia Haití durante ese periodo, por orden de importancia fueron: Jimaní (US$285 millones), Dajabón (US$126.6 millones), Elías Piña (US$50.5 millones), Puerto de Haina Oriental (US$48.3 millones), Puerto de San Pedro de Macorís (US$10.56 millones) y paso fronterizo de Pedernales (US$5.5 millones).
Otros productos cuyo intercambio fue, en gran proporción por carretera, fueron: ampliados y chapas de metal con el 97.01% (el restante 2.9% fue por vía marítima), el 71.2% del cemento cris (el otro 28.7% se envió por mar), el 53.05% de las cervezas (vía marítima el faltante 46.9%) y el 99.3% del agua potable (vía aérea se exportó el 0.7%).
El gráfico indica que Haití es el destino del 49% de las exportaciones dominicanas de esos 23 productos (datos del 2014). No es despreciable para los industriales dominicanos, pero no ha de olvidarse que en muchos casos no se trata de una exportación directa de las empresas, sino de compras hechas por intermediarios comerciales (o como dice un industrial: nos compran en el patio y se encargan de todo).
Lo digo a propósito de indicar otros afectados: estos intermediarios, como también lo serían Blas Peralta y sus revoltosos, que fueron capaces por motivos de seguridad de paralizar el transporte terrestre.
Fenatrado perdería esta jugosa tajada hacia Haití, aunque seguiría llevando la mercancía a puertos dominicanos (y aeropuertos, lo cual no ha de considerarse como porcentaje serio).
La medida de Haití es, a mi modo de ver, una medida pública de interés privado. Y además, bien podría decirse que es una medida pública para el daño público.











