Luego de dos grandes conflictos mundiales, la humanidad tomó una serie de medidas para aumentar la cooperación y cercanía entre los Estados, con la finalidad de evitar conflictos en el futuro. De estas iniciativas surgieron la Organización de Naciones Unidas (ONU), la Corte Internacional de Justicia y, entre otras, muy especialmente, la Unión Europea (UE).
La evolución legal y política de la Unión Europea fue gradual; inició como una comunidad de carbón y acero y lentamente evolucionó hasta la integración del bloque europeo, culminando con la introducción de una moneda única en el año 1999. Uno de sus principios fundamentales ha sido que la legislación europea debe tener primacía sobre las normas nacionales. De esta forma, fomenta la cooperación entre las naciones, así como también facilita el comercio y la uniformidad institucional, manufactura de bienes y aspectos económicos en todo el bloque.
La primera gran estocada a la Unión Europea fue el llamado “Brexit”; la salida forzosa de esa unión por parte del Reino Unido, mayormente debido a temas políticos internos propios de ese país. Sin embargo, una de las razones que dio lugar a su salida era precisamente la oposición de algunos sectores a la “imposición” de la legislación por la UE que regulaba aspectos de la vida económica cotidiana de ese país, dando lugar a que una de las mayores economías y potencias mundiales buscara su salida de ese conglomerado de naciones.
Precisamente, en el denominado Brexit, como mencionamos, uno de los elementos de crítica que dio lugar a esta salida fue la incomodidad, en ciertos ámbitos, de que la legislación nacional quedara en un segundo lugar, debajo de las directrices supranacionales europeas. Para algunos, esto constituía una entrega de la soberanía nacional, algo inaceptable que no podría ser tolerado.
Recientemente, los tribunales en Polonia y Hungría han ido más allá, declarando que la legislación aprobada por la UE no puede imponerse por encima de las normas nacionales en esos países. Esto ha sido un duro golpe para la UE, pues hasta el momento, la interpretación de tribunales nacionales de los países pertenecientes había sido consistente en reconocer la primacía de las normas de la unión.
Por primera vez, el tema del conflicto entre las normas nacionales de los países miembros y las normas propias de la UE pasa del plano político al plano legal. Con estas decisiones de los tribunales en Polonia y Hungría, la UE se enfrenta a una difícil decisión: aceptarlas y ver su autoridad y potencialmente su propia existencia ponerse en peligro o expulsar a estos países por incumplimiento de los mandatos legales.
La suerte de la UE es también de primordial importancia para la propagación de las normas supranacionales en una serie de aspectos. Como país en vías de desarrollo con alta vinculación en el mercado internacional, es conveniente velar por la estabilidad de estas organizaciones, así como la creación de reglas que nos permitan competir en un plano de igualdad con otros países. Esperemos que la UE pueda superar esta crisis, por la estabilidad política y económica mundial.











