Desde hace algunos años, el mundo viene siendo invadido por una corriente económica, con fuerte componente tecnológico, que señala que en poco tiempo se acabarán los empleos; es la llamada Industria 4.0, también denominada la cuarta revolución industrial, caracterizada por la automatización y el uso de la robótica para las tareas y operaciones de las empresas.
Se estima que el uso de robots en la industria manufacturera mundial, podría eliminar alrededor de 5 millones de puestos de trabajo de aquí al 2020 (Burrows, 2016). Todo esto, obviamente, está creando angustias entre millones de jóvenes, básicamente Millennials, que buscan empleos y no los encuentran, lo que también está generando un vacío existencial en términos de ingresos, que contrasta con la sed de consumo que caracteriza a este grupo poblacional.
En ese contexto, el Big Data and Analitycs, robots autónomos, simulación en 3D, integración horizontal y vertical de sistemas, Ciberseguridad, el Internet, información en las nubes, fabricación aditiva y la realidad aumentada (Blanco, Fontrodona y Poveda, 2017) constituyen las tecnologías que están ayudando a transformar los procesos productivos de las empresas industriales y, por ende, a crear una nueva economía en cuanto a la utilización del empleo se refiere.
De esta manera, nace el dilema para los jóvenes pero también las oportunidades. Como no existirían empleos suficientes para tanta gente, solo sobrevivirán aquellos que adquieran nuevos y mejores conocimientos y para los que puedan reinventarse.
Por suerte, cada cambio brusco en la historia de la humanidad trae, también, su propio antídoto y, en este caso, una de las posibilidades de sobrevivir en una economía sin empleo está en la llamada economía colaborativa o, como la denomina Sundararajan (2017), “el capitalismo basado en las multitudes”. Este autor habla de la oportunidad de utilizar esa misma tecnología que desplaza empleos para motivar la creación de nuevos negocios basados en transacciones de persona a persona (peer-to-peer), y pone como ejemplo los exitosos emprendimientos de Airbnb, Uber, Kickstartes, Kiva, entre otros.
De su lado, Alegre (2014) define la economía colaborativa como un cajón de sastre, donde coexisten acciones de diferentes tipos, con iniciativas basadas en la tecnología de la información y la comunicación, las redes sociales, las plataformas tecnológicas y los portales, con la posibilidad de interacciones de forma masiva.
En resumen, se puede decir que la economía colaborativa es una excelente alternativa para los trabajadores jóvenes que han perdido o perderán sus empleos debido a la aparición y desarrollo de la Industria 4.0. Colaborar en masa usando la tecnología les dará a los jóvenes los ingresos necesarios para satisfacer esa creciente necesidad de consumo que habita en su interior.
Por último, la reinvención de los jóvenes, a partir de sus talentos, habilidades y capacidades desarrolladas, es un elemento distintivo que puede hacer fracasar, si así se puede decir, a la industria sin empleos, pues estos jóvenes de hoy en día apuestan más a la autonomía económica, basada en la tecnológica y el conocimiento, que a estar sentados en un escritorio hasta que alguien le diga qué hacer.







