[dropcap]L[/dropcap]a coherencia, es decir, la coincidencia de las palabras y los hechos, debe acompañar al ser humano en todo. Y cuando decimos que es en todo, debe ser en el sentido total de la palabra. Usted no puede criticar al diablo y andar de la manos con él.
Tampoco se ve bien que fustigue a los que se van con el semáforo en rojo y se paran sobre la línea del peatón, cuando es usted mismo quien no respeta las señales de tránsito.
La coherencia también va de la mano con la honestidad. Es una actitud deshonesta criticar a los monopolios, en cualquiera de sus manifestaciones, proponer soluciones y hasta hablar de frente ante empresarios, cuando a su lado hay protagonistas de esta práctica desleal de comercio.
Las palabras y los hechos son los que caracterizan al ser humano coherente. No se puede esperar nada bueno de alguien que pregone ser ejemplar en materia de corrupción, si quienes están a su lado tienen cola que le pisen. Por suerte, no todos los que habitan la Tierra son tontos.





