Tito (nombre ficticio) es uno de los 160 millones de niños que trabajan en todo el mundo, según estima la Organización Internacional del Trabajo (OIT). Desde las 7:00 de la mañana sale del sector “Los Praditos” con su caja de limpiabotas. En ella guarda sus herramientas de trabajo: pasta de lustrar, cepillos, telas para brillar, líquido negro (también marrón) y una mezcla de agua con jabón. Empezó a laborar a los 12 años, edad en la que pausó sus estudios.
La historia de Tito se repite miles de veces en República Dominicana, con lo cual se confirma que este país no es ajeno al panorama mundial. La Oficina Nacional de Estadística (ONE) establece que un 5.4% de la población comprendida entre 5 y 11 años labora, un 4.1% más que los jóvenes de entre 15 y 17 años, que significan el 1.3%. En tanto, entre 12 y 14 años apenas alcanzan el 1.9% de la población.
Cada 12 de junio se conmemora el Día Mundial Contra el Trabajo Infantil, fecha establecida por la OIT en 2002 con el objetivo de concientizar y unir esfuerzos por los gobiernos y empresas para erradicarlo. Además, es definido por la organización como el trabajo que priva a los niños de su niñez, su potencial y dignidad, que afecta a mediano y largo plazo su desarrollo psicológico.
De acuerdo con un informe de la OIT y Fondo Internacional de Emergencia de las Naciones Unidas (Unicef), los casos de trabajo infantil globales son 160 millones de niños, de los cuales 112 millones de niños (70%) están en el sector agrícola, 31.4 millones de niños (20%) en el sector de servicios y 16.6 millones (10%) en industrias. Para 2020, en la región de América Latina se estimaron unos 8.2 millones de niños entre 5 y 17 años que realizan algún trabajo.
La incidencia de trabajo infantil es mayor en los niños que en las niñas. Las zonas rurales superan casi tres veces más que las zonas urbanas, con un 14% y 5%, respectivamente. Casi el 28% de los niños de 5 a 11 años y el 35% de los niños de 12 a 14 años que trabajan no reciben educación.
El nivel de pobreza es uno de los principales factores influyentes para que los infantes salgan a trabajar. Un ejemplo de esto es Tito, un adolescente de 15 años que sale a buscar “el pan de cada día”. El joven es un extranjero que reside con un tío, quien le enseñó el oficio porque su padre falleció y su madre se ocupa de atender a sus tres hermanos. “¿Tú estudias?”, respondió que no. “Si estudio no hay dinero”, aseguró mientras bajaba la cabeza y continuaba limpiando los zapatos.
Su sueño es tener “mucho dinero para comprar pica pollo”. Su labor de limpiabotas no le da para comprar carne, pues apenas cobra RD$30.00 por limpiar zapatos. El día que más ingresos recibe oscila de los RD$250 a RD$300, dinero que utiliza para comer y aportar a su casa. El reloj marca 3:00 p.m. y es hora de que Tito retorne a su hogar para preparar su almuerzo y el de su tío: arroz con habichuelas.












