Hoy la cultura consumista creada por la economía del consumo, donde la formula universal de la felicidad y de satisfacción con la vida, constituye una filosofía hegemónica, tener dinero para comprar, sin importar de cómo, cuándo y para que, se ha convertido en el más peligroso fenómeno de degradación social y ambiental, para el futuro que ya vivimos.
Es bien conocido que, si todos los habitantes del planeta logran alcanzar el consumo que tiene hoy la sociedad norteamericana, o mejor dicho de los países desarrollados, el mundo no tendría capacidad para soportar tal presión, pero eso no detiene el desarrollo y las acciones para lograrlo, y muy difícil lo entiendan quienes aun no logran alcanzar tal bienestar de comodidad que procuran los grandes inversionistas.
El consumo desenfrenado está llevando el mundo a una delicada situación de sostenibilidad, ya que toda la industria para producir bienes necesita de energía, y esta necesariamente viene de recursos o en proceso de agotamiento o con alto contenido de contaminación, que genera un circulo vicioso en perjuicio del planeta.
Algunas aseguradoras, comenzaron a dar algunos pasos, para reducir la huella de carbono. Un claro ejemplo es el de Mapfre. Bajo la etiqueta #lapartequenostoca, la aseguradora se compromete a construir un mundo más sostenible, más justo, más próspero, más ético, más igual, más diverso, más colaborativo y ecológico. Alianza Seguros, AXA, Zúrich y otras, han tomado acciones loables preocupadas por su responsabilidad frente a la sostenibilidad ambiental.
Es una responsabilidad que pueden hacer muchas de nuestras aseguradoras y otras instituciones del mercado, sin mucho sacrificio, pero con muy buen impacto tanto en el ambiente como en la mentalidad de los consumidores. Por ejemplo, instalando paneles solares donde le sea posible, contribuyendo con el menos uso de energía, papelería y plásticos, con programa de reforestación involucrando a sus empleados, reciclaje de basura, programa de educación e información a sus clientes sobre el particular.
Y no es gratis, porque las aseguradoras, serian la mas beneficiadas, si la población adquiere conciencia del manejo de basura, de menos uso soluciones individuales de movilidad, aprovechamiento eficiente de energía y prudencia y respeto en las vías públicas. Menos conflictos, mejor salud, menos inundaciones, mejores procesos de producción, y todos estos elementos se suman a una cultura de respecto al medio ambiente que reducirán enormemente los eventos que producen pérdidas por lo que muchas no tendrán que ser indemnizadas por el mercado asegurador.
Hago un llamado a nuestros aseguradores, corredores, reguladores y relacionados, que analicen la posibilidad de asumir la responsabilidad social con mayor interés, voluntad y tal vez un poco de sacrificio, porque los beneficios lo verán al corto y mediano plazo. La vida no puede ser tan mezquina, circunscrita a los beneficios monetarios, fiestas y cámaras. Una vida útil, no se compra con tarjeta de crédito.












