La Autoridad Monetaria ha tenido que enfrentar los choques externos más difíciles de las últimas décadas. Sin embargo, hay que admitir que el Banco Central ha salido airoso, a pesar de que ha sido puesto a pruebas de diversas formas y desde diferentes frentes. Hacer política monetaria y cumplir fielmente los objetivos mandatorios en la Ley Monetaria y Financiero no ha sido una tarea fácil de llevar a cabo.
La inflación, por suerte, ha sido controlada, pero al mismo tiempo ha salido sacrificado el crecimiento, el cual es de suma importancia para generar el dinamismo necesario para que los sectores productivos demanden mano de obra.
Hay buenas y malas noticias. Si bien los precios han entrado al rango meta de 4% +/- 1%, lo que da un respiro, por un lado, no menos cierto es que el crecimiento económico se ha ralentizado hasta el punto de que en junio el índice mensual de actividad económica (IMAE) apenas registró un 0.3%, lo que hizo que el acumulado en el primer semestre apenas fuera de 1.2%, lo cual es insuficiente para lograr la meta de al menos un 4% al final de año.
Navegar con el agua en contra, como le ha tocado al Banco Central, y salir adelante, es loable. Por suerte, y también se ha debido al excelente trabajo realizado, las reservas internacionales han estado en niveles históricamente altos, lo cual ha servido para darle certidumbre a los sectores productivos en torno la estabilidad de la tasa de cambio. Esto se demuestra en la reducción registrada en las reservas internacionales de US$771.6 millones entre el cierre de junio y julio de este año, todo con el objetivo de enfrentar algunos movimientos fuera de lo normal que venía registrado la tasa del dólar.
Esta acción, además, saca del mercado alrededor de RD$42,000 millones, pues esos dólares salieron el Banco Central a buscar pesos. En términos reales, las autoridades monetarias sueltan, por un lado, como fue al bajar la tasa de interés, pero aprietan por el otro al sacar de circulación parte de la masa monetaria, provocando, quizá, lo que está sucediendo con la economía, es decir, una respuesta más lenta de lo esperado en cuando a la expansión.
En todo caso, los esfuerzos extras del Banco Central han tenido un efecto positivo en sentido general, ya que el peor impuesto que puede pagar la población es la inflación. Es mejor, y es lo que ha sucedido, controlar los precios, aunque con ellos se sacrifique el crecimiento económico. Aplaudir los resultados obtenidos hasta el momento es de justicia.










