La frase “cazar dentro del zoológico” hace alusión a una verdad, la de que cazar en la naturaleza es complicado, difícil y lleno de peligro, pero hacerlo dentro del zoológico no representa mayores inconvenientes, pues los animales están enjaulados. Así mismo es que debemos ver las reformas fiscales que han ocurrido en el pasado reciente, y que esperamos no sea la forma de la próxima, pues en vez de avocarse a una tarea difícil, lo que se ha hecho es sencillamente buscar los “mangos bajitos”.
Para los gobiernos de turno en el pasado ha sido muy sencillo enfocar las denominadas reformas fiscales en tres áreas: (1) amnistías transitorias para generar recaudos inmediatos y aumentar la base imponible; (2) aumentar las tasas impositivas, principalmente los impuestos a la transferencia de bienes industrializados y servicios (ITBIS) y sobre la renta (ISR); y (3) aumentar los gravámenes aplicables a los sectores formales y regulados, principalmente a los bancos, las telecomunicaciones, minería y alcoholes y tabaco. De esta forma, ningún gobierno ha tenido que abocarse a una profunda reflexión y consenso sobre el sistema tributario que tenemos y el que necesitamos.
En primer término, las amnistías (de las cuales el Gobierno actual ya ha realizado dos “pequeñas” versiones) crean una especie de riesgo moral, porque si yo sé que en algunos años me van a condonar las deudas que tengo o mi incumplimiento, ¿cuál es mi incentivo de cumplir ahora? Las amnistías deben ser algo excepcional, o se convierten en algo esperado y no generan cambios a largo plazo en el comportamiento de los contribuyentes.
En segundo lugar, las tasas de los principales impuestos en nuestro país -ITBIS e ISR- ya son altas (el primero -IVA- en Ecuador es de 12%, en El Salvador 13%, en Panamá de 7%, entre otros). Pero es muy sencillo para cualquier gobierno aumentar esta ya alta tasa de 18% y esperar más aportes de los que ya pagan esta tasa. Igual ocurre con el ISR, que los pagan pocos, pero los que lo hacen pagan y pagan bien.
De último, tenemos a varios sectores que son altamente formales, como los que citamos anteriormente, y que también resulta muy sencillo aumentarles los impuestos aplicables (que, al final, son pagados por los consumidores). Precisamente esto a lo que incentiva es al contrabando y paraliza la formalización de otros sectores.
Como hemos escrito en entregas anteriores, todo parece indicar que el partido en le Gobierno, de lograr la reelección en el 2024, se abocará a una reforma fiscal. Y la verdad es que las finanzas públicas son insostenibles, y la presión tributaria en nuestro país es baja. Pero esta conclusión parece desconocer la razón de este bajo cumplimiento: la falta de incentivos para formalizarse y la complejidad y costo de cumplir con el sistema tributario.
Debemos abandonar los dogmas de “cazar dentro del zoológico” y realizar reformas fiscales fáciles, que pueden, a corto plazo, aumentar las recaudaciones, pero a largo plazo, nos dejan en el mismo lugar. Proponemos una reforma fiscal real, integral, que simplifique el cumplimiento en materia fiscal para que seamos más los contribuyentes, y así hagamos las finanzas públicas sostenibles en el largo plazo.











