“Aunque las sanciones occidentales no han logrado paralizar la economía rusa ni obstaculizar el ascenso de China, han impulsado el desarrollo de ambos países, incitándoles a explorar nuevos mercados, desarrollar nuevas tecnologías y forjar nuevas alianzas”.- Jeffrey Sachs.
Además de la ayuda humanitaria y militar a Ucrania a una escala jamás vista, la élite gobernante norteamericana sigue priorizando la imposición de sanciones a Rusia que, siendo esencialmente anti democráticas y contrarias al derecho internacional, pretenden imponer los propios puntos de vista mediante el ahorcamiento económico sistemático de los que se oponen a ellos.
De las sanciones, como en el caso de los suministros militares a Ucrania para apoyar una contraofensiva irremisiblemente empantanada antes de las lluvias y el invierno, se derivan resultados que pueden considerarse muy pobres.
Ciertamente, tanto por las oportunas iniciativas de política económica del régimen ruso como por la enorme ventana de desahogo abierta por los BRIC, las sanciones occidentales se revelan como un garrote inútil, hueco y sin futuro. Recordamos que este grupo de países concentra el 40% de la población mundial, el 20% del Producto Interior Bruto (PIB) y más de un tercio de la producción mundial de cereales.
Como es conocido, los BRIC se oponen a las sanciones contra cualquier país. En un mundo interconectado difícilmente ellas puedan traducirse en merma de comercio o en retrocesos que pudieran postrar las economías destinatarias. En el caso de Rusia, no han provocado debilitamiento militar alguno ni retroceso de su crecimiento (probablemente este año termine en 2.8%, una meta imposible, por ejemplo, para Alemania). Occidente reconoce que actualmente hay más de 13 000 sanciones completamente diferentes contra Rusia, más que las impuestas a Irán, Siria, Corea del Norte y Cuba juntas.
Al parecer, los hechos todavía no tienen la suficiente fuerza para cambiar el curso de la política anti rusa de la Casa Blanca y sus habitantes neoconservadores. Insostenibles cantidades de soldados ucranianos y mercenarios muertos, así como costosísimos equipos occidentales modernos destruidos; decenas de miles de municiones disparadas sin ganancias en el terreno y arsenales armamentísticos propios y europeos al borde de un déficit nunca visto en el período de posguerra.
En la vecindad del desastre de la “contraofensiva ucraniana”, se observa la irrefutable crisis del orden unipolar que los Estados Unidos se empeñan en mantener sin propuestas convincentes y equitativas. Son evidentes los crecientes y contundentes cuestionamientos a la institucionalidad de ese orden caduco y evidentemente no funcional. No menos importante son los serios indicios de deterioro de la propia economía norteamericana y el estancamiento económico y desindustrialización de Alemania -la gran perdedora de la UE- y, por último, es sorprendente “la eficacia de las sanciones” en el sentido de que motorizaron la primera reorganización sistémica de la economía rusa desde los años 90.
Los neoconservadores norteamericanos se niegan a aceptar que el mundo unipolar de hecho ya no existe. Se aferran a la idea de que controlan el mundo y proyectan a Rusia y a China como los guijarros punzantes en sus zapatos. La realidad es que la mayoría aplastante de las naciones del mundo se opone a la continuidad de la carnicería de ucranianos y apuesta al aceleramiento de la fragmentación del orden unipolar. El fortalecimiento de los BRIC y los reclamos de los estados miembros del G77 son evidencias inequívocas de ello.
En relación con este último bloque de países, a la convocatoria desde la Habana respondieron 1.300 participantes de 116 países y de 12 organizaciones y programas de Naciones Unidas, entre ellos, 31 jefes de Estado y Gobierno, y 12 vicepresidentes. Lo más importante del masivo cónclave fue la exigencia de crear un nuevo orden económico basado en la solidaridad que contemple las necesidades de los países en desarrollo. Esto suena a una cierta importante sintonía con los BRICS, opuestos a las sanciones antirrusas y declarados la semilla en franco proceso de germinación del nuevo orden multipolar.











