El Banco Central dominicano no se da por vencido. Estoy de acuerdo con esta actitud. Es lo que manda la ley y la lógica de actuación.
El último ajuste a la baja que hizo en la tasa de política monetaria (TPM), llevándola de 7.50% a 7.25% anual, es una señal de que el optimismo es una filosofía de actuación de las actuales autoridades. Todo indica que se pueden lograr algunos puntos más de crecimiento en lo que falta de año.
Y las autoridades del Banco Central están en lo cierto. Por lo general, y más desde que los dominicanos adoptaron la cultura del “Black Friday”, las ferias de vehículos de fin de año, así como la dinamización del sector construcción, sumado a las festividades navideñas, la economía suele recibir una mayor demanda cuando se finaliza el año.
El tema, de todos modos, es motorizar una economía que apenas ha creció 1.7% a septiembre, a pesar de todos los estímulos que ha recibido desde los predios fiscales y monetarios.
El Gobierno, muy oportunamente, ha mantenido congelados los precios de los combustibles, lo que, sin duda, es una decisión inteligente desde el punto de vista financiero, tomando en cuenta que las actividades productivas están encadenadas con la energía.
Otra medida importante es el aplazamiento de la sincerización de la tarifa eléctrica, lo cual fue se acordó en al pacto. Sin embargo, el inicio del período de inflación, luego de la pandemia y las medidas expansión monetaria, obligaron a parar esa medida, ya que la inflación se saldría de control.
Por el lado monetario, sin sacar mucha cuenta, son más de RD$150,000 millones los que han sido colocados a tasas preferenciales y que han ido directamente a los sectores productivos. Esto, en cierto modo, ha ayudado en el poco dinamismo que ha mostrado la economía y que se espera mejore en lo adelante.
De hecho, para 2024, un año que también tiene como reto que es electoral, lo que habrá de suceder es una mejoría en la inversión pública, es decir, la que motoriza la economía por su nivel de conexión con otros sectores productivos.
En todo caso, las autoridades monetarias han tenido que cargar bien pesado en todo este proceso de recuperación económica y control de la inflación. Han tenido que jugar “partidos difíciles”, pues han tenido que sacrificar algo para lograr otra cosa, que viene a ser lo que los economistas llaman “costo de oportunidad”.
En momentos en que la economía tiene un bajo crecimiento, pero expansión del producto interno bruto (PIB) al fin, con baja inflación, lo importante es seguir enviando señales claras de estabilidad.
Hay que admitir que el Banco Central ha actuado correctamente en este proceso. Ha sido proactivo.
Otro punto a su favor es que el nivel de reservas internacionales le permite mantener a raya cualquier desnivel que pudiera presentarse. De hecho, esto ha ayudado, junto al ingreso de dólares, a mantener el peso dominicano estable, lo cual se traduce en certidumbre para quienes toman las decisiones de inversión.










