El problema de la deficiencia que hemos experimentado en algunos organismos, como la Superintendencia de Seguros y otras superintendencias, no se debe a que los funcionarios sean políticos. Al contrario, la política es una ciencia y un arte que requiere la capacidad de adaptación y sacrificio para promover el bien social colectivo. Por lo tanto, no es tanto la ciencia en sí, sino quiénes la aplican. De la misma manera, en el campo de la medicina, se requiere de buenos médicos para obtener los resultados deseados.
En la Superintendencia de Seguros, no hemos tenido profesionales con la capacidad y la voluntad necesarias para ejercer adecuadamente la supervisión y regulación que los objetivos demandan, con el fin de lograr la competencia en su jurisdicción y garantizar el cumplimiento de las leyes y regulaciones, así como mantener la calidad del servicio esperado por la sociedad.
Tal es así que, aun hoy en día, existen ciudadanos que sufren las consecuencias de estas fallas, ya que hace muchos años varias empresas del mercado quebraron debido a prácticas y supervisión inadecuadas, y el órgano regulador ni siquiera ha mostrado la capacidad o la voluntad para resolver los problemas derivados de los errores o violaciones a la ley. Esto mantiene en duda a muchos ciudadanos en cuanto a la calidad y la garantía del órgano regulador.
Estas experiencias adversas del pasado obligaron al sector, en ausencia de un buen regulador, a autorregularse y a buscar un grado de garantía y servicio para ganar la confianza de sus clientes, hasta el punto en el que nos encontramos hoy en día. Sin embargo, esto no es suficiente. La sociedad necesita contar con una supervisión efectiva y eficiente por parte de un regulador que garantice la calidad del producto y que los emisores cumplan con sus deberes, protegiendo los derechos e intereses de los consumidores y garantizando prácticas comerciales justas, con transparencia, estabilidad y sostenibilidad.
Tenemos actores de gran valía que hacen lo posible para que la sociedad cuente con un mercado asegurador responsable. Pero somos, en esencia, un mercado de intereses, con actores buenos y malos que compiten por una porción del mercado aún sin cubrir, y, sin embargo, todos comparten el mismo pastel, lo que hace que sus acciones sean más agresivas para atraer a los clientes. Esta situación requiere que tanto las aseguradoras como el regulador tomen medidas más concretas y trabajen juntos en la información y la educación del público.
Los objetivos de una superintendencia pueden variar según su ámbito de competencia, pero en general, se centran en supervisar, regular y promover un funcionamiento eficiente y justo en su sector, garantizando la protección de los consumidores y la estabilidad del mercado, con reglas transparentes y justas para todos.











