Si hay un tema que genera fricción en la opinión pública es el referente a la deuda del Estada, ya sea del sector público no financiero (SPNF) o la del Banco Central. En ambos casos se trata de pasivos que comprometen el futuro de los dominicanos.
La deuda es el resultado de la necesidad de cubrir un déficit o de ejecutar proyectos de infraestructura que tienen como propósito mejorar la calidad de vida de los ciudadanos.
Endeudarse es un proceso que viene dado tras la necesidad de gastar frente a unos ingresos insuficientes.
La deuda del Banco Central, que en estos momentos está sobre el billón RD$47,000 millones, es el resultado del impacto de la crisis financiera de 2003, pues las autoridades monetarias se vieron obligadas a emitir títulos o certificados a tasas de interés altísimas para recoger el exceso de liquidez que supuso el rescate de las instituciones quebradas. Los intereses generados y esa cantidad de dinero captada a través de esos instrumentos es un pasivo que crece conforme pasan los días.
El economista José Luis de Ramón, considerado uno de los profesionales de más alto respeto y valoración en República Dominicana, afirma que la propuesta de Andy Dauhajre, otro profesional con una experiencia dilatada, es 100% correcta cuando sugiere que la deuda del Banco Central debe ser transferida al Ministerio de Hacienda.
De acuerdo con De Ramón, el Banco Central debe quedarse sólo con capacidad de emitir certificados hasta tres años de plazo y con limitaciones adicionales sobre un porcentaje de estos que pueda ser en dólares. Lo considera así porque antes Hacienda no tenía la fortaleza institucional que hoy puede exhibir.
De hacerse, según De Ramón, el Banco Central mejoraría su capacidad de hacer política monetaria libre del fardo de la deuda y los objetivos del endeudamiento de la entidad emisora serían mejor entendidos.
La coincidencia de estos dos reputados economistas tiene lógica. Ante el fracaso de una Ley de Recapitalización del Banco Central, que no debió suceder, lo justo es que esa deuda pase, de una vez y por todas, al fisco. Pero siempre hay un “pero”. ¿Cuál es ese “pero”? El nivel de deuda pública puede afectar el riesgo país, que es un indicador que mide la probabilidad de que un país no pueda cumplir con sus obligaciones financieras externas, y la confianza que genera una nación para hacer negocios.
Hay otro aspecto a considerar. Si pasamos esa deuda del Banco Central a Hacienda, ¿cómo se redimirán los intereses que deben recibir los tenedores de los certificados? ¿Y esto genera una “corrida” de instituciones y personas buscando una redención de sus inversiones? Por suerte, y es de la buena, la mayoría de los inversionistas son institucionales.
En definitiva, algo debemos hacer con la deuda del Banco Central. No para de crecer y en algún momento podría ser insostenible. Pensar con tiempo también es ser proactivo, que es algo que siempre le hemos reconocido a las autoridades monetarias.











