En el año 1989, el influyente historiador Francis Fukuyama publicó su más célebre estudio, un artículo titulado “El fin de la historia y el último hombre”, que posteriormente expandió y publicó como libro en el año 1992. Esta obra marcó un antes y después en el pensamiento histórico y político de relaciones internacionales, particularmente, el final de la Guerra Fría y posición de los Estados Unidos como única potencia mundial.
En resumen, la tesis de Fukuyama postulaba que el proceso histórico es una especie de evolución, en la cual habría una tendencia de que primaría la democracia liberal en todas las partes del mundo. Asimismo, esta tendencia hacia un orden liberal y democrático en el tiempo redundaría en un mundo más pacífico y estable. Lamentablemente, la experiencia en Latinoamérica, y la del mundo entero, ha sido que esta tesis no ha logrado su cometido.
Muy cercano a República Dominicana, podemos ver el caso de Haití, que muy lejos de convertirse en una democracia liberal, ha decaído a ser un estado anárquico, sin gobierno electo ni autoridades efectivas. Algunos podrán decir que Haití es un caso particular, pues ha sido el país más pobre de América Latina por décadas; pero es emblemático sobre como el progreso no es necesariamente lineal y en nuestra puerta tenemos una seria crisis que lidiar.
Otro ejemplo en nuestra región es el caso de Venezuela. Un caso muy lamentable, pues reunía todas las condiciones para pasar a ser una nación de altos ingresos y de primer mundo, pero ha caído en una vil dictadura y su pueblo ha emigrado masivamente. Ahora amenaza a su vecino de Guyana con arrebatarle el Essequibo, otro quebranto al orden institucional y político de este nuevo mundo, y ejemplo de la forma en que todavía luchamos contra los mismos fantasmas de conflictos como en el pasado.
Vemos también en Centroamérica la forma en que el orden democrático está en franco retroceso, con Bukele en El Salvador eliminando todos los vestigios de esa democracia y Ortega en Nicaragua siendo un franco autoritario. Ahora, más recientemente, también se presencia cómo ciertos elementos opuestos a la elección de un presidente en Guatemala, Bernardo Arévalo, hacen todo lo posible por prevenir que asuma la presidencia.
A nivel mundial, podemos ver en Rusia -la inspiración original de Fukuyama al ver como se desvanecía la Unión Soviética y se erigía una nueva democracia- que su gobierno ya es francamente una dictadura que ha propiciado una guerra en Europa, la primera desde la Segunda Guerra Mundial. En esos mismos lares, Víctor Orban, en Hungría, y Erdogan, en Turquía, también son ejemplos del retroceso de la democracia.
La intención de este artículo no es traer una visión pesimista a la mesa, sino, recordar como imperaba un sentir de optimismo en un momento, pero la historia ha llevado la revancha y nos demuestra que el progreso no viene en línea recta. Nuestro país no se puede considerar inmune a estas realidades, por lo que nosotros, como ciudadanos conscientes, debemos de reivindicar las instituciones y nuestra evolución positiva, que ha sido francamente evidente durante los últimos 40 años.











