No creo que tengamos un periódico nacional que no haya editorializado sobre los problemas del tránsito, ni una conversación familiar o institucional donde no se haya tratado ese tema, ni una misa donde no se sugiriera una oración por las víctimas de los accidentes de tránsito y sus secuelas.
Tampoco creo que exista una familia que no haya velado o curado un familiar por accidentes de tránsito; pero, aún no hay un líder político con posibilidad de acceder al poder que haya puesto en su agenda la atención al problema del tránsito del país.
Son los políticos que deben tener pendiente los problemas fundamentales de la sociedad, y se preparan para competir por obtener el beneficio de la población votante para acceder a la administración de las cosa pública, distribuir el presupuesto, gestionarlo pero también tienen la gran responsabilidad de mejorar las condiciones de vida de los ciudadanos. Abordar sus problemas esenciales que entorpecen el desarrollo y la paz social, crear leyes y aplicarlas para lograr los objetivos.
Pues, lo que vemos en nuestra nación es que tenemos problemas de décadas que no se abordan, y la única razón que encontramos es la falta de integridad y valor de nuestra clase política o la falta de capacidad de abordar los temas para convencer a los votantes de la necesidad de asumirlos, sin que entre en juego el populismo de no abordar los sacrificios y vicios de la población para no perder los votos.
No podemos imponerle las reglas del tránsito a los patanistas, camioneros, voladoras y microbuseros, etc. porque, así como las empresas son fuertes y no aceptan imposiciones, peores son los sindicatos que se creen dueños del país, como han sido bautizados. Transitan nuestras carreteras y calles imponiendo el terror a alta velocidades y con desperfectos y vicios sin valorar la vida de los demás. Son todos políticos y socios de los líderes.
Pero ni hablar de los motoristas, motoconchistas, delivery y ladrones y atracadores que transitan en motores para todas sus fechorías. Pero estos son los más utilizados por los políticos en campaña, y son tantos que pueden constituir la mitad de los votantes, por lo que tienen licencia para matar y ningún partido ni líder político tiene en su agenda ponerles costo a sus fechorías, por lo que se hacen cómplice.
No hasta que mueran más de tres mil personas cada año, no importa que treinta mil queden minusválidas por accidentes tránsitos, y que al estado le cueste más de RD$100 mil millones por daños y perjuicios, y que sean los accidentes un multiplicador de pobreza. Todo estos datos son invisibles para nuestra clase política, y para los empresarios no es un problema porque ellos no mueren por necesidad en accidentes de tránsito.
Entonces, debemos solicitar a los líderes políticos y sociales, religiosos y no creyentes, que nos digan qué van hacer. ¿Cuáles son las medidas que vamos a tomar para detener el mal que nos va corroyendo el alma?











