Danilo Medina jura nueva vez como Presidente de la República. Como siempre, y a pesar de la presentación de un plan de Gobierno en donde se establecen las grandes líneas de acción que se seguirán durante los próximos cuatro años, se generan expectativas sobre las áreas de inversión que serán priorizadas, y también sobre los que serán sus ejecutores.
Sin embargo, Danilo Medina parece demasiado predecible, por lo que probablemente las ejecutorias del período 2016-2020 estarán alrededor de la educación, visitas sorpresas, infraestructura vial, fortalecimiento del sistema 911, construcción de casas y apartamentos para los pobres, áreas que fueron el foco de atención del Presidente durante primer mandato.
En ese mismo orden, el proceso de construcción de las plantas eléctricas pronostica que el sector eléctrico continuará siendo una Espada de Damocles que penderá sobre la cabeza del gobierno y, por vía de consecuencia, de los ciudadanos.
A la par, los problemas del sector salud, y la ineficiencia y carestía de los servicios que se proveen desde este sistema, seguirán siendo una mortificación, y un río revuelto para los comerciantes de dicho sector.
Así también, mantener la estabilidad macroeconómica seguirá como una aspiración del Gobierno y, especialmente, de la autoridad monetaria y financiera, aunque habría que ver si continuaremos contando con el Súper Albizu.
No obstante, el mayor problema del nuevo gobierno no parece ser la identificación de las áreas de inversión, sino los actores que estarán al frente de la cosa pública, es decir, de los ministerios y direcciones generales.
En primer lugar, no hay tantos sombreros para tantas cabezas, algunas de ellas escasas de ideas y raciocinio. En segundo lugar, la fila de entrada al Gobierno revela la existencia de buscadores y/o multiplicadores de fortunas, pues muchos empresarios apostaron a Danilo, y ahora buscan la parte del pastel que, según ellos, les toca.
Pero en donde está el mayor el problema del presidente Medina es la conformación de un gabinete que haga creíble que éste es un nuevo gobierno, y no uno “viejo”, cansado, agotado, consumido, enclenque, seco, fatigado, sin fuerzas, sin iniciativas, sin dirección, porque en este siguen habitando viejos robles cuya sombra intelectual y capacidad de trabajo, forma parte de lo que el viento.










