[dropcap]N[/dropcap]adie se atreve a decir con exactitud cuántos estudios se habrán hecho en el país sobre el sector eléctrico ni cuántas sugerencias sobre cómo solucionar su gravísima crisis financiera.
El siglo XXI ya va por la mitad de su segunda década y, a pesar del extraordinario crecimiento económico del país, resulta incómodo, y podría decirse que hasta increíble, que aún se hable de apagones.
A mí, que soy un simple mortal y ciudadano común que habita en esta tierra caribeña, me da vergüenza ajena hablar de apagones, mientras destaco las ventajas competitivas (o comparativas) que tiene República Dominicana frente a otros mercados.
¿Cómo es posible que hayamos crecido tanto y atraído inversión extranjera en medio de tantas precariedades energéticas? ¿Cómo lograr la eficiencia que tanto se merece nuestra economía?
Ahora bien, ha quedado demostrado que hay una parte de dominicanos que no siente vergüenza ajena (ni propia), porque a pesar de estar en el lugar indicado para tomar las decisiones pertinentes, pésele a quien le pese, se quedan como simples “cobracheques” que llegan a las posiciones con la convicción de que se sacaron la lotería.
Me explico: su intención no es servir al país y a los contribuyentes que pagan impuestos para sus salarios, sino que más bien se sirven del erario sin un mínimo de remordimiento y sin vergüenza (ajena o propia).
Da grima (o irritación) hojear las nóminas de todas las instituciones públicas relacionadas con el sector eléctrico. A veces se ven posiciones que hasta el nombre que se le pone, para justificarla, entran en el ámbito de los ridículo. Y esto se da en todas.
Me gustaría saber qué hace la UERS con 494 empleados (es una unidad operativa de la CDEEE que no debería tener más de 20 personas) y cómo justifica un consejo costosísimo, con analistas socioeconómicos, financieros y hasta “científicos de la NASA” si apenas ha logrado reducir las zonas sin electricidad en el país.










