[dropcap]A[/dropcap]l inicio de este nuevo período presidencial, República Dominicana se encuentra ante una encrucijada. A pesar de que la economía ha continuado creciendo, y se encuentra entre las más estables del mundo, no todos los sectores de la población se han visto beneficiados por este crecimiento. Por igual, el país adolece de debilidades estructurales e institucionales que deben ser revisadas por las autoridades y los actores privados.
En primer término, el Pacto Fiscal es una de las tareas más importantes de diálogo que tiene pendiente el Gobierno. Con la participación y colaboración del sector privado, se deben equilibrar las finanzas públicas mediante la racionalización del gasto y la ampliación de la base tributaria.
En ese sentido, mediante la concertación del Pacto Eléctrico, se procura asegurar que todos los participantes en ese mercado actúen conforme a las exigencias de la ley.
Por otra parte, hace días, varias entidades de la sociedad civil anunciaron la creación de la Iniciativa por la Institucionalidad Democrática. Esta iniciativa tiene el fin de darle seguimiento a la aprobación de importantes proyectos de leyes que se han estancado en el Congreso, así como contribuir al proceso de renovación de las Altas Cortes.
Finalmente, la Cumbre del Poder Judicial sigue siendo una tarea pendiente para la reflexión y autocrítica de parte del Poder Judicial. Afortunadamente, parece que nuevamente se encuentra tomando curso.
Parecido a todo lo anterior, pero con particularidades propias a la materia, son las negociaciones entre el Gobierno y el gremio de los médicos. El primero le reclama que se cumpla el horario pactado (4 horas) y procura aumentarlo a 6 horas. En cambio, el segundo le reclama al primero que no es posible acordar un aumento en la cantidad de horas trabajadas sin antes aumentar, de manera significativa, el sueldo.
La respuesta del gremio médico ante esta situación ha sido la de abandonar la mesa de negociación, de convocar a protestas y, posiblemente, huelgas, las cuales únicamente afectan a las personas más vulnerables en nuestro país.
Lo que todos los ejemplos anteriores tienen en común ha sido el deseo de ciertos sectores de boicotear u objetar el diálogo y la transparencia que se procuran como forma de llevar al país a transitar por un mejor camino.
Estas personas no entienden que en una sociedad con una multitud de voces, la única vía efectiva para lograr cambios profundos y duraderos en la comunidad es la apertura al diálogo y la negociación.
Ningún sector gana mediante la exclusión de otros participantes ni en fijar posiciones inflexibles.
