“Hay algo de servil, de turbio, en el hogar que se mantiene de préstamos y deudas”.- Henrik Johan Ibsen.
La recesión económica internacional de 1973 se erige como un acontecimiento significativo, marcando el fin de la era de bonanza económica posterior a la posguerra. A partir de este momento, se gestaron cambios fundamentales y decisivos en los mecanismos de acumulación y expansión de las economías occidentales, vislumbrándose horizontes económicos que no auguraban nada bueno para los países económicamente más rezagados.
En este escenario de transformación, las políticas fiscales adoptadas en los principales centros económicos se inclinaron hacia el fomento de altas rentabilidades para los ahorros familiares. Esta estrategia condujo a la canalización de excedentes de enormes ingresos hacia inversiones en títulos de seguro de vida y otras. Una medida emblemática de esta época fue la normativa que estableció la obligatoriedad para los trabajadores de abrir cuentas bancarias como un método estándar y menos burocrático para recibir sus salarios. Esta disposición generó niveles de liquidez sin precedentes en las instituciones financieras de gran envergadura, propiciando una diversificación sustancial en sus operaciones de crédito y en la gestión global de los recursos financieros.
Posteriormente, hacia finales de 1956, Londres se erigió como epicentro de la transformación financiera al iniciar las primeras inversiones “offshore”, creando así el célebre mercado interbancario de capitales en dólares conocido como el “mercado de eurodólares”. Este evento marcó el inicio de las operaciones de los capitales transnacionales de inversión, mientras que, paralelamente, el ciclo económico presentaba signos de declive. El fenómeno de los eurodólares alcanzó trascendencia global, acelerando la expansión del crédito y el dominio financiero de las corporaciones de las grandes potencias.
Reforzando estas consecuencias, en los albores de la década de los setenta, los Estados Unidos tomaron la decisión de eliminar la paridad dólar-oro acordada en Bretton Woods. Este acto desencadenó una expansión sin precedentes en la liquidez internacional y marcó el fin del sistema de precios internacionales basado en tasas de cambio fijas. En beneficio de este nuevo orden, en el año 1976, se produjo el reciclaje de los petrodólares. Vastas sumas de dinero provenientes de los países del Golfo Pérsico como resultado del aumento en el precio internacional del petróleo, encontraron su destino en los bancos de Londres. Estos excedentes de liquidez fluyeron hacia América Latina y otras regiones en forma de líneas de crédito en condiciones relativamente blandas. Los gobiernos de estas naciones no dudaron en aprovechar esta abundante oferta de fondos sin las mayores condicionalidades.
Estos sucesos marcaron el inicio de lo que podríamos llamar el nuevo colonialismo financiero de nuestras naciones, fenómeno que perdura hasta nuestros días. El creciente endeudamiento tuvo como pretexto financiar proyectos fundamentales vinculados con la modernización y el desarrollo de las economías rezagadas.
Repentinamente, la danza de los millones experimentó una notable desaceleración cuando la Reserva Federal de los Estados Unidos decretó en 1979 el aumento de las tasas de interés a nivel internacional. Esta decisión puede describirse como una catástrofe para nuestros países, ya que una parte considerable de las recaudaciones gubernamentales, ingresos por exportaciones y reservas en divisas comenzaron a ser absorbidos a gran escala por el pago de la deuda.
Ese año marca en realidad el fatídico inicio de un círculo vicioso empobrecedor que se manifestó en los pagos de las pesadas acreencias y la obligada aceptación de nuevas obligaciones financieras para atender el servicio de los viejos y nuevos empréstitos. Fue entonces cuando, de forma irónica, nos vimos confrontados con nuestra marcada dependencia de unos pocos productos primarios, la volatilidad de sus precios y el deforme proceso de industrialización, además de los escollos que representaban viejos problemas estructurales.
La situación para nuestros países siguió empeorando en el contexto de otro hito significativo, como lo fue el afianzamiento del proceso de las inversiones privadas en deuda pública, asunto que será abordado en la próxima entrega.











