Murió una joven valiosa en las inmediaciones de una empresa de zonas francas en nuestro país. La noticia es, sin quizá, la más triste desde el punto de vista humano y familiar, pero, al mismo tiempo, demasiado preocupante. ¿Por qué? Porque pone de manifiesto debilidades en materia de supervisión y de cumplimiento de las reglas de seguridad más elementales.
Lo lamentable aquí es ver que se pierde una vida útil, con un futuro de oportunidades, para comenzar a verificar en cuáles condiciones laborales está la mayoría de quienes se ganan el sustento de su vida en un parque de zonas francas.
Es todos conocido que este es un modelo intensivo, en el que los empleados son, más que entes productivos, un número. Y no debería ser así. Tampoco ha de suponerse que sucede así en todas las empresas. Sin embargo, alguna lección debemos aprender de esta terrible experiencia.











