Durante esta semana, y en un loable y reconocido esfuerzo del Consejo Económico y Social de Santo Domingo (CODEESD), se llevó a cabo un interesante debate entre candidatos a cargos congresuales de los diferentes partidos políticos.
Los debates se originaron entre aspirantes a la Senaduría por el Distrito Nacional y también entre los que tienen intención de ocupar un puesto en la Cámara de Diputados por la Circunscripción 1 del Distrito Nacional. Fueron moderados por periodistas, se basaron en un conjunto de preguntas que, a juzgar por los moderadores de marras, eran de interés nacional.
No tenemos certeza de cuáles eran, al final, las intenciones de los debates, mas allá de conocer el parecer y la opinión de los candidatos sobre los diversos temas planteados, aunque quedó claro que una de estas era demostrar que en República Dominicana los debates entre candidatos a cargos electivos son posible, y que aportar a los fines de que la población se haga una idea del tipo de persona que va a elegir en las urnas.
Conviene decir, sin embargo, que en este tipo de debate el rol de los moderadores es fundamental, y entendemos que los seleccionados para este trabajo no aportaron mucho y solo se limitaron a realizar las preguntas y a llevar control del tiempo.
En lo referente a las preguntas elegidas para los debates, las mismas se circunscribieron a continuar debatiendo temas históricos que, desde hace tiempo, están en el Congreso de la República, como es el caso del aborto, mientras otras estaban fuera de los límites del Poder Legislativo como es el de la crisis haitiana y las respuestas que debe dar el gobierno.
De manera puntual, fue notorio el desconocimiento casi generalizado, salvo raras excepciones, de lo que es el sistema dominicano de seguridad social, y de ahí las respuestas ambivalentes, inocuas, insulsas para un tema que, previo a los debates, debió ser estudiado a profundidad. De hecho, la mayoría de los candidatos que respondieron a la cuestión de la seguridad social, no conocen que existen ya varias propuestas de reformas a la Ley 87-01, con aceptables niveles de consenso frente a asuntos puntuales y neurálgicos de componentes de dicho sistema.
Pero en la parte de los debates que, confieso, sentí pena y vergüenza ajena, fue con las respuestas alrededor de la posibilidad de sometimiento y aprobación de una reforma fiscal, pues parecían provenir de un imaginario de personas que no tienen idea de lo que significa ese concepto y, más aun, de los impactos que tendría para la economía.
Salvo el representante de Alianza País, el resto parecía estar adivinando y enfocándose en procesos judiciales de lucha contra la corrupción, en tanto otros planteaban la eliminación de impuestos puntuales para congraciarse con determinados grupos económicos, sin entender que una reforma fiscal es un todo integral, y que la mayor responsabilidad recae sobre los legisladores.
Sin embargo, salvo los desatinos que pudieran haberse dado en el marco de los debates, continúa siendo válido que la población dominicana conozca a sus potenciales representantes en el Congreso de la República a partir de este mes de mayo. Adicionalmente, reiterar las buenas intenciones del CODESSD, recomendando que el éxito de cualquier debate empieza por la credibilidad de los moderadores, se agiganta con el nivel del debate y llega a su clímax con la contundencia de las propuestas. No obstante, como primer ensayo, vale aplaudirlo.











