En la víspera de las elecciones generales del año 2024, en las cuales se elegirán nuestros representantes al Congreso Nacional y la Presidencia de la República, debemos destacar, con contadas excepciones, el ambiente cordial, positivo y propositivo de la contienda electoral. Esto en contraste con las experiencias vividas en los años y décadas pasadas, en las cuales el ciclo electoral representaba una especie de trauma para el país.
Las elecciones del año 1994 marcaron un antes y después para nuestra nación, pues es difícil pensar en un peor escenario como aquel fraude electoral masivo que despojó a Peña Gómez de la victoria. La consiguiente crisis electoral y reforma constitucional abrió las puertas para la elección de Leonel Fernández en 1996, en lo que fue un proceso relativamente libre de traumas.
Igual ocurrió en el año 2000, con un cambio de partido y una acertada decisión de Danilo Medina de declinar la segunda vuelta electoral debido a los resultados obtenidos por Hipólito Mejía en la primera vuelta. Se recuerda que el entonces vicepresidente de la República, Jaime David Fernández, tuvo la cortesía y decencia de dejarle rosas blancas a la nueva vicepresidente, Milagros Ortiz Bosch, en su despacho. Magnífico ejemplo de civismo.
Cuatro años más tarde, regresa Leonel Fernández y el PLD al poder, principalmente debido a los efectos económicos de la crisis bancaria nacional que desató una ola económica negativa en el país. Esta campaña sí fue matizada por mayores traumas y dificultades nacionales, quizás también en parte por un país que estaba sufriendo los efectos de la antecitada crisis, y el traspaso de mando entre Mejía y Fernández fue accidentado.
El año 2012 fue la próxima gran contienda electoral, marcada por un enorme déficit estatal, en la cual el gasto público se volcó masivamente para apoyar al entonces candidato oficialista Danilo Medina. Éste logró vencer a Hipólito en una contienda relativamente cerrada en sus votaciones, y constituyó un desafío para el país en materia institucional y democrática.
Luego, el año 2020 representó un gran trauma para el país. Primero, por los intentos del entonces presidente Medina de modificar la Constitución para optar por un tercer período consecutivo. Segundo, por las fallidas elecciones municipales. Y tercero, por la pandemia del covid, que nos obligó a cerrar todo. Afortunadamente, salimos airosos de este proceso.
Nuestro punto aquí es que el país tiene un importante historial reciente de desafíos en materia electoral y hemos logrado sortear los mismos para continuar delante. Este proceso, en cambio, ha sido uno libre de traumas y muy positivo, y debemos señalar y saludar esto, y esperar que el mismo concluya igual que se ha desarrollado.
Debemos saludar que esta campaña se ha desarrollado con escasos actos de violencia electoral, un gasto relativamente moderado, sin mayores sobresaltos. Los candidatos de los principales partidos acudieron a un debate electoral, y han presentado propuestas para que la ciudadanía decida. Ahora nos toca a todos nosotros acudir masivamente a las urnas para esta toma de decisión, en un ambiente pacífico, y dispuestos a aceptar los resultados, sean cuales sean. ¡A votar!











