A mi modo de ver, a propósito de que próximamente conoceremos la propuesta de reforma fiscal que preparan las autoridades, hay tres temas que me preocupan: la deuda pública consolidada (Banco Central y Gobierno), la calidad del gasto y la indefinición de una estrategia real de fomento de las exportaciones. Si queremos saber cuál será nuestro futuro debemos enfocarnos en producir bienes nacionales con calidad exportable.
Impulsar la industria tecnológica y del conocimiento es un imperativo si queremos no sólo duplicar el producto interno bruto (PIB) de aquí al 2036, sino que ese crecimiento que esperamos tener se traduzca en bienestar y mejoría en la calidad de vida de los dominicanos.
¿Y por qué menciono al presidente Javier Milei en este artículo? Simple: Argentina cayó en un estado prácticamente de indefensión, con la mitad de su población en la pobreza y otra parte en la línea de vulnerables, todo porque no tomó a tiempo las medidas pertinentes para evitar la debacle.
Argentina, luego de la crisis de principios de ciclo, ahondó los subsidios y ayudas estatales, convirtiendo a los entes productivos en dependientes del Estado, impidiéndoles ser competitivos. Se mantuvo, durante más de dos décadas, un esquema ficticio de precios y el Banco Central acudía a las emisiones para cubrir el déficit generado por las malas decisiones de los gobiernos.
Esta realidad, amarga y que no aguantaba más, hizo que los argentinos se decantaran por el presidente Milei, quien ganó las elecciones con 56%, muy por encima de las proyecciones. El jefe de Estado, durante su campaña, fue sincero: habría un shock económico que al principio sería brusco, pero necesario.
Es justo la sostenibilidad de la deuda consolidada la que me preocupa. El déficit del Banco Central es un tema muy serio y habrá que enfrentarlo. Los casi US$20,000 millones con los que carga esta institución tampoco pueden ser traspasados a Hacienda, ya que afecta las pretensiones del Gobierno de alcanzar el grado de inversión. Hay que recapitalizar esta institución, que ha jugado un papel preponderante en la estabilidad macroeconómica del país.
Nosotros, en esta media isla, tenemos un déficit promedio de 3% anual y estabilidad monetaria. Esto hay que cuidarlo y protegerlo. Milei, ante una realidad contraria, basó su receta económica en dos pilares fundamentales: reforma fiscal y estabilización monetaria.
De hecho, ha implementado un ajuste fiscal severo para eliminar el déficit público, lo que ha llevado a un superávit fiscal por primera vez en más de una década. Ha recortado el gasto público, incluyendo subsidios y empleo público. Ordenó al Banco Central detener la emisión monetaria excesiva, que era una de las principales causas de la inflación descontrolada. Además, ha propuesto la dolarización de la economía como una solución viable para estabilizar la moneda y controlar la inflación.
Estas medidas han tenido efectos mixtos: mientras que los mercados financieros han reaccionado positivamente, la población ha sufrido un impacto significativo debido a la reducción del gasto.











