Cuando un gobernante asume o continúa un mandato tras una victoria contundente, es natural que tenga como plan principal la adopción de medidas de reformas sustanciales. Esto suele nacer del “mandato” que el jefe de Estado siente que ha recibido de parte de los votantes, y el deseo de cambiar el país en la imagen que han comunicado a la ciudadanía como parte de su programa de gobierno.
Si bien todo lo anterior pudiera aplicar a República Dominicana y el nuevo mandato que asume Luis Abinader a partir del 16 de agosto, para este caso nos referimos al Reino Unido. En esa nación, luego de 16 años de gobierno por los conservadores -incluyendo cuatro primer ministros en cinco años, debido a la inestabilidad política de esa organización política- el partido laboral asume el mandato de ese país, encabezado por el joven Keir Starmer, y una aplastante mayoría en el Parlamento.
El Reino Unido es un caso económico interesante, pues si bien es cierto que se ha mantenido con cierta relevancia en el mundo, no es menos cierto que no tiene la efervescencia que tovo en el pasado, por lo que hay una importante corriente de preocupación sobre el futuro del país. Ante esa ansiedad, el plan de Starmer de “relanzar” al Reino Unido acaparó la mayoría de los votos y la esperanzas de los ingleses.
La plataforma de crecimiento de Starmer -de “quitarle los frenos de crecimiento” a ese país- conlleva la aprobación de más de 40 piezas legislativas, incluyendo un plan para la construcción de 1.5 millones de hogares, nacionalizar las vías ferroviales y mayores derechos para los trabajadores. También se prevé la “reforma de permisología”, como una forma de incentivar la construcción de proyectos de infraestructura y de hogares.
Al menos 15 propuestas legislativas tienen que ver con “estabilidad económica y crecimiento”, con medidas que cambian los parámetros para auditorías financieras y de gobierno corporativo. También reforma del sistema de pensiones, creación de una empresa petrolera nacional y hasta, en el ámbito económico, la eliminación de los 92 lores hereditarios que todavía quedan en el Parlamento inglés.
Quizás la propuesta más controvertida se centra en la reforma laboral. El gobierno laboralista (de centro-izquierda) entiende que la legislación actual favorece demasiado a los empleadores, y buscarán reformas para aumentar los días libres por causa de enfermedad, la posibilidad de desahuciar y recontratar a empleados sin consecuencias económicas, instaurar un régimen de flexibilidad laboral y hacer más fácil para los sindicatos la realización de huelgas.
Sin lugar a dudas que el Reino Unido necesita y merece una profunda reforma estructural. Es una economía poderosa pero que ha estado, en cierto modo, estancada. Precisamente, la falta de medidas necesarias, que a veces pueden ser difíciles políticamente, ha causado su situación actual.
Pero la lección que debemos tomar de aquí también es que las reformas paulatinas, que son más fáciles de implementar, pueden ser la fórmula más efectiva para que un país mantenga un rumbo positivo. Si las reformas “fáciles” se postergan por demasiado tiempo, se termina requiriendo cirugía mayor, como pasa ahora en el Reino Unido.











