El Gobierno dominicano busca aprobar una reforma fiscal que no sólo mejore los ingresos, sino que haga más eficiente el gasto. En lo que compete al papel que juega la administración del Estado quizá no sea muy difícil, pero por el lado de los ingresos hay un reto que merece más atención: la informalidad de la economía.
Ampliar la base impositiva resulta todo un reto por vía de los impuestos directos e indirectos, toda vez que la alta informalidad de la economía es una retranca para saber a quién y cómo cobrarle. Además, la capacidad de fiscalización de la autoridad recaudatoria es un punto a tomar en cuenta.
Una economía con tanta informalidad, superando incluso el 56%, resulta una tarea retadora saber dónde están los contribuyentes. Los impuestos directos, por esta condición, imponen un reto todavía más difícil para las autoridades.











