Desde que el Banco Central de la República Dominicana (BCRD) redujo la tasa de interés de política monetaria (TPM) en 25 puntos básicos, de 7.00% a 6.75%, aplicable a partir del 1 de septiembre, y la Reserva Federal de Estados Unidos también lo hiciera en una mayor proporción, pues su recorte fue de 50 puntos básicos, los agentes económicos esperan sus efectos positivos en la economía.
Ha de esperarse que una reducción en las tasas de interés se refleje en una dinamización del crédito al sector privado, ya que es el que realmente genera valor agregado en la economía. Esto, por supuesto, se traduce en más y mejores empleos, toda vez que las empresas pueden suplir la demanda de bienes y servicios producto del aumento en el consumo.
En cuanto al sector construcción, que está estrechamente conectado con un mercado financiero competitivo y su dinamización a costos asequibles para los consumidores, las bajas tasas de interés habrá de impactar positivamente en la adquisición de vivienda y otros inmuebles. Ahora hay un juego entre expectativas y realidad.
El efecto de encadenamiento que genera el sector construcción debe (y tiene que) sentirse en la fabricación de cementos, varillas y otros insumos, así como en el transporte y la mano de obra. En sentido general, el consumo sale altamente beneficiado de una dinamización del sector construcción.
Ha de esperarse que, para cualquier materialización de planes empresariales o familiares, los individuos estén más dispuestos a pedir préstamos, aunque esto dependerá de la velocidad con que el mecanismo de transmisión de tasas se exprese en el mercado.
Aquí desempeña un papel especial las expectativas de los agentes económicos y la necesidad de no postergar inversiones importantes, ya que de eso dependerá no sólo la dinamización del crédito, sino de que las entidades financieras comprendan qué es lo que buscan los clientes. Los bancos están obligados a ser dinámicos.
Para nadie es un secreto que una vez la economía comienza a reaccionar a las bajas tasas de interés, aunque aún están altas, hay otro riesgo que siempre está al acecho: la inflación.
De no administrarse la oferta monetaria podría haber un desequilibrio, aunque en estos momentos los indicadores hablan de holgura para seguir, incluso, flexibilizando el mercado financiero. Lo único que da suficiente tranquilidad es la confianza que han logrado inyectar al mercado las autoridades monetarias y financieras.









