La nueva Constitución es una realidad desde el pasado 27 de este mes. Es un acontecimiento que hubo de tener más impacto, pero las reacciones fueron simples.
Hubo opiniones y ponderaciones antes del sometimiento del proyecto de reforma al Congreso. Pero todo quedó ahí. Ha sido tanto lo que se ha hablado de reformas en estas semanas, de por lo menos tres, que la proclamación de la nueva Constitución pasó sin mucho escándalo.
Y quizá era eso lo que quería el Presidente. Total: posiblemente ese era su objetivo y ahora puede decir para sí mismo que ha logrado una reforma que, según él, es de las mejores que ha logrado el país de las 40 que se han hecho.
Se cayó la reforma fiscal y la sometida al Código de Trabajo va por buen camino. Se discute sin mucha presión en el Congreso y pasará, para beneficio, esperemos, de todos los protagonistas del trabajo.






