Son varios los factores que fomentan la falta de planificación en un país, siendo quizás el más importante la ausencia de institucionalidad. Sin embargo, algunos autores también destacan otros factores clave, como la inestabilidad de liderazgo, la falta de una cultura de planificación, la escasez de recursos, la dependencia económica, la corrupción y, especialmente, la carencia de educación y formación en nuestros líderes.
Algo es evidente: la falta de recursos limita las soluciones a los problemas sociales. Precisamente por esta razón, planificar es fundamental para evitar desviaciones y pérdidas de recursos en la resolución de los problemas más urgentes, lo que requiere asumir el hábito de priorizar adecuadamente.
Las empresas organizadas suelen ser más conscientes de la importancia de la planificación, ya que los accionistas exigen resultados tangibles y rinden cuentas. En cambio, en la administración pública, los errores de gestión rara vez tienen consecuencias. Aunque este gobierno cuenta con muchos empresarios, incluyendo al propio presidente, la gestión ha mostrado fallos importantes, como errores y desvíos de recursos visibles y pocas realizaciones destacables.
Es esencial que las personas con influencia social tomen conciencia de la importancia de planificar el futuro en todas sus dimensiones, no solo en la económica. Enfrentamos amenazas serias como el calentamiento global, los ciclones y las constantes inundaciones. Tanto a corto como a largo plazo, debemos planificar acciones que minimicen el impacto de estos fenómenos y, si es posible, fomentar cambios en los hábitos y costumbres que nos ayuden a enfrentarlos mejor.
El país debe mapear las zonas de riesgo, identificar los cauces de ríos que se desbordan, preservar espacios de acumulación de agua y recuperar humedales, pantanos y manglares. Además, es esencial un plan de reubicación para las comunidades amenazadas. El calentamiento global es una realidad confirmada por el incremento de tormentas y depresiones tropicales, y es imperativo actuar de manera constante y sin dilación.
Otro aspecto importante son los seguros. El gobierno debería transferir los riesgos inevitables a una cobertura paramétrica adecuada, como hemos recomendado. Los daños se repetirán cada año, y el gobierno no siempre tendrá los recursos para apoyar a la población vulnerable.












