U na de las grandes sorpresas generadas durante la visita del secretario de relaciones exteriores de los Estados Unidos, Marco Rubio, la semana pasada, fue la mención de que en nuestro país pueden existir considerables yacimientos de “tierras raras”. Aunque el nombre pudiera parecer un tanto extraño, la importancia de las tierras raras para la economía moderna no se puede sobreestimar.
El término de “tierras raras” proviene de una traducción literal del inglés -rare earth metals- y se refiere a 17 elementos químicos que son poco común de encontrar en forma pura en nuestro planeta. Algunos de los minerales que de este grupo son especialmente sensibles y considerados esenciales para la manufactura de aparatos electrónicos (celulares, microchips, etc.) y baterías de gran escala (para automóviles o almacenamiento de electricidad) que son necesarias para la economía moderna.
La necesidad de poseer estas tierras raras como un instrumento de geopolítica y desarrollo económico ha desatado una intensa competencia de las potencias mundiales. China fue la primera nación en reconocer esta necesidad, pero los Estados Unidos también ya se ha avocado a realizar las gestiones necesarias para que el acceso continuo de estos materiales le sea asegurado, y de alguna forma, sea posible continuar su desarrollo económico.
Pareciera, ante este escenario mundial, en el cual la República Dominicana pudiera contar con yacimientos de importancia (decimos “pudiera” pues no se han realizado estudios, al menos públicos, que así lo revelen) de materiales muy valiosos, que será muy buena noticia para el país. Pero, al observar este panorama y el estado actual de la permisología y apoyo gubernamental a la minería, nos preguntamos ¿realmente queremos o no la minería?
Es lamentable que en el país contemos con numerosos proyectos de minería responsable -algunos de los cuales ya se encuentran en curso y producen impresionantes resultados para el país- y otros que se están en la fase de desarrollo. Aquí hay que precisar que, por ley, los yacimientos minerales son propiedad del Estado, y la extracción generalmente se realiza a través de concesiones extendidas a actores privados.
Por ejemplo, en la actualidad, la extracción del oro representa uno de los más importantes rubros de exportación del país y las regalías obtenidas por esta actividad son esenciales para el presupuesto nacional. Pero, al parecer, en nuestro país tenemos una larga memoria de explotación minera poco cuidadosa, realizada por empresas que no tenían visión a largo plazo, y realizaron una extracción dañina.
Hoy día, la industria minera tiene otra matiz, y la minería responsable aporta al desarrollo económico de muchos países, incluyendo en América Latina. Pero los proyectos mineros en nuestro país se encuentran asediados, atacados por sus actividades y con poco aparente respaldo gubernamental.
Entonces, nos preguntamos, este anuncio de tierras raras en nuestro país, ¿traerá algo bueno para nosotros? Porque si no apoyamos la minería que ya tenemos, que ha demostrado ser positiva para nuestro desarrollo, ¿cómo pretendemos hablar de nuevos proyectos? Apoyemos la minería responsable, por todos los dominicanos.











