En la Zona Colonial de Santo Domingo, donde el ambiente de la calle El Conde se mezcla con la historia, surgió en 2015 un proyecto que cambiaría la vida de decenas de jóvenes: La Escuelita de Música del parque Colón. Su origen fue una respuesta directa a la injusticia, cuando Camilo Rijo Fulcar, músico y fundador de la iniciativa, defendió a un violinista callejero a quien la Policía Municipal le incautó su instrumento bajo el argumento de que “hacía bulla”.
La indignación que sintió Rijo lo llevó a cuestionar cómo una sociedad podía reprimir el arte en lugar de fomentarlo. Fue entonces cuando le surgió la idea de crear un espacio donde la música fuera un puente hacia la dignidad y el futuro.
La Escuelita se convirtió en una alternativa para los niños en situación de calle. Rijo, quien también atravesaba situaciones familiares difíciles, además de un diagnóstico de cáncer en el hígado, encontró en esos jóvenes su motivación.
“Esas clases de música gratuitas que quiero impartir, quienes más las necesitan son estos niños”, manifestó al ver a menores trabajando como limpiabotas o pidiendo en las calles, los cuales se acercaban y le rodeaban cada vez que este tocaba su guitarra.
Así, La Escuelita se convirtió en un refugio donde la música no solo enseñaba notas y acordes, sino que ofrecía un escape a la marginalidad. “Una guitarra más es un arma menos”, afirma Rijo, convencido de que el arte puede ser una herramienta para transformar vidas.
Desde entonces, cada domingo, este proyecto ha regalado horas de enseñanza musical gratuita, primero en la calle El Conde y luego, debido a la pandemia, en el parque Colón. Con más de nueve años de historia, este proyecto ha demostrado que la música no solo es un lenguaje universal, sino también una vía para construir un futuro mejor.
“El éxito no se mide en cifras, sino en historias”, afirma Rijo mientras recuerda a Cristhian Camarena, un joven que pasó de tocar una flauta de PVC en la calle a estudiar en el Conservatorio Nacional de Música tras los conocimientos adquiridos con sus clases. “Este proyecto es, en esencia, un llamado a creer en el poder del arte para cambiar el mundo, un niño a la vez”, agrega.
Según el informe “La música en nuestras mentes” del Consejo Mundial sobre la Salud Cerebral (GCBH, siglas en inglés), este arte estimula múltiples áreas del cerebro de manera coordinada, mejorando la atención, el lenguaje, la memoria y las habilidades de razonamiento. Además, escuchar música puede reducir el estrés, modular el sistema cardiovascular, fortalecer el sistema inmunológico y mejorar la calidad del sueño, sin efectos adversos.
El estudio también destaca que interpretar música, cantar o bailar en grupo fortalece las relaciones sociales y combate la soledad. Asimismo, se ha demostrado que puede ser eficaz en la rehabilitación de pacientes con enfermedades neurológicas como el párkinson y los accidentes cerebrovasculares, ayudando a mejorar el movimiento y la recuperación del lenguaje.
El portal Neomúsica establece que aprender a tocar algún instrumento musical fortalece la disciplina, la paciencia y el trabajo en equipo, cualidades importantes para el desarrollo personal y profesional de los jóvenes, utilizándose como una herramienta de transformación social.
Salud mental
Desde el punto de vista psicológico, la música no solo ayuda a regular la conducta infantil en el momento, sino que también tiene beneficios a largo plazo en el desarrollo del niño. Mabel Perdomo, psicóloga clínica, explica que el uso de la música en la infancia para estructurar rutinas y regular emociones contribuye a que, en la adultez, estas personas tengan mayor autocontrol, disciplina y facilidad para adaptarse a diferentes situaciones.

También señala que la música es un buen terapéutico que, dependiendo el género, ayuda a calmar el cerebro, bajar los niveles de tensión y estrés facilitando la regulación de las emociones.
“Esta puede ser una poderosa herramienta para alejar a los jóvenes de entornos tóxicos y evitar que caigan en conductas de riesgo como la violencia o el consumo de sustancias”, expresó la profesional. “Muchos de estos jóvenes buscan llenar vacíos emocionales o encontrar aceptación en su entorno, y la música les brinda un espacio seguro donde pueden canalizar sus emociones de manera positiva”, agregó.
Subraya que, al aprender a tocar un instrumento, componer canciones o simplemente sumergirse en el arte, el joven encuentra una vía de expresión que le ayuda a gestionar la ira, la tristeza o la frustración sin recurrir a comportamientos autodestructivos.
Perdomo indica que incluso para aquellos que ya han tomado caminos peligrosos, este arte también puede ofrecer una alternativa real para cambiar su rumbo. A través de la creación musical, el baile o cualquier manifestación artística, pueden desarrollar disciplina, encontrar un propósito y crear vínculos con otros jóvenes que comparten sus mismos intereses.
Además, señala que les permite visualizar nuevas oportunidades, como generar ingresos de manera honesta y construir una vida más estable y satisfactoria. “La clave está en ofrecerles este recurso como una herramienta para su desarrollo, mostrándoles que hay una manera diferente y más positiva de encontrar pertenencia y significado en sus vidas”, agrega.
Por su parte, la antropóloga Tahira Vargas, subraya que la música trasciende su faceta artística para convertirse en un espejo de la identidad y las emociones colectivas. Dijo que las expresiones musicales no solo reflejan las raíces y transformaciones de los grupos humanos, sino que también fortalecen su identidad cultural. “La música comunica lo que ocurre en la sociedad: sus anhelos, ansiedades y cambios”, afirma.
Destaca, además, su papel en la cohesión social, ya que cuando las personas se reúnen para tocar o escuchar música, se genera empatía y armonía, elementos claves para construir valores colectivos y reducir conflictos.
Pero el impacto de la música va más allá del disfrute. Vargas, quien también es pianista, asegura que aprender a tocar un instrumento puede ser una poderosa herramienta para prevenir la violencia y fomentar una cultura de paz. “Tocar un instrumento desarrolla paciencia, concentración y respeto hacia los demás, habilidades esenciales en una sociedad marcada por la impaciencia”, señala.
Explica que la música en su dimensión colectiva promueve el diálogo y la empatía, ya que tocar en un grupo requiere de no solo tocar un instrumento, sino también escuchar los demás instrumentos que forman parte del “diálogo”. Expresa que esto contribuye a la disminución de la violencia, ya que fomenta la escucha y la paciencia.
Acceso
Según Salvador Gutiérrez, baterista y maestro, los costos de las clases de música privadas pueden rondar en promedio RD$2,000 por hora. Este monto puede variar dependiendo el profesor y son clases totalmente personalizadas, que incluyen el traslado a la casa del estudiante.
“Para el público al que está dirigido, estudiantes de clase media y alta, estos precios son accesibles. Aun así, las clases grupales en las escuelas de música son más baratas” subraya.
En cuanto a los principales obstáculos, expresa que hay instrumentos que pueden ser costosos, como la batería, algunas guitarras o incluso pianos. Agrega, además, que el aprender a tocar un instrumento requiere de mucha práctica, y en algunos casos, dependiendo de lo que se esté tocando, el volumen puede incomodar a los vecinos.
Una iniciativa implementada por el Ministerio de Cultura (Minc) es la creación de las Escuelas Libres, las cuales forman parte del Programa de Educación Artística No Formal en República Dominicana.
Según datos del Minc, a través del Sistema de Acceso a la Información Pública (SAIP), desde su creación en 2005 han impactado a más de 20,000 niños, adolescentes y adultos, ofreciendo formación gratuita en disciplinas como música, teatro, danza, percusión y artes plásticas. Este programa, que prioriza las zonas vulnerables del país, busca democratizar el acceso a la educación artística como una vía para la expresión y el desarrollo personal.
Actualmente cuenta con 1,687 estudiantes matriculados y más de 18,400 egresados. Con el Fondo a la Formación y Difusión Artística, el monto anual invertido asciende a RD$15.2 millones, para la suma total invertida en el período 2020-2024 de unos RD$45 millones, con la finalidad de fortalecer la enseñanza artística en 31 escuelas distribuidas en 14 provincias. Además, se han contratado 175 docentes especializados para ampliar la cobertura en comunidades con alto riesgo social, brindando oportunidades educativas y laborales a jóvenes talentos.
Las Escuelas Libres no solo fomentan el aprendizaje artístico, sino que también funcionan como espacios de integración social y desarrollo comunitario. A través del arte, los participantes fortalecen su identidad, adquieren disciplina y encuentran nuevas formas de canalizar y expresar sus emociones de manera creativa.













