Clarísimo termómetro de la crisis de incertidumbres a nivel global, la cotización del oro en el mercado de Londres que va volando de récord en récord; y esta semana, por primera vez, ha logrado superar los US$3,000 por onza troy, lo que equivale a un enorme brinco interanual que supera el 40%, ya que hace un año, las cotizaciones del mineral habían cerrado en torno a US$2,100 la onza. Esto definitivamente confirma que, más que nunca, el oro es el refugio favorito de los inversionistas en momentos de turbulencias, cuando la autodenominada “revolución trumpista” desde la Casa Blanca se plantea cambiar, no tanto las reglas del juego, sino el juego mismo.
De hecho, no debe de sorprender que, alrededor del mundo, los organismos multilaterales, al igual que los analistas financieros de los principales bancos de inversiones, han empezado a revisar a la baja sus expectativas de crecimiento para la economía mundial en 2025 y en 2026. Primero, hace unos días, fue el caso de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) que, luego de confirmar que la economía global había alcanzado un crecimiento de 3.2% en 2024, recortaba a 3.1% sus expectativas para 2025 (o sea, dos puntos decimales por debajo de sus anteriores previsiones de diciembre 2024) y a 3% para 2026 (en este caso una revisión a la baja de tres puntos decimales).
Y luego, el Fondo Monetario Internacional (FMI) que estuvo de visita en República Dominicana, en sus conclusiones preliminares, acaba de recortar a 4.5% sus proyecciones de crecimiento para el país en 2025, lo que compara negativamente con la proyección de 5% publicada en octubre 2025.
No sorprendería pensar que, en la venidera revisión al Marco Macroeconómico 2025-2029, las autoridades dominicanas contemplen hacer lo propio y bajen alguito a la actual proyección de un crecimiento de 4.75% contenida en la ley de Presupuesto de Ingresos y Gastos de este año. Ahora bien, lo que se interpreta correctamente como mala notica a nivel global, resulta ser una excelente noticia para la República Dominicana, ya que el país es el receptáculo de una de las minas de oro de mayor producción a nivel mundial: Pueblo Viejo, en Cotuí, gracias al Contrato Especial de Arrendamiento Minero (CEAM) que asocia al Estado dominicano (como propietario de la mina) con el consorcio conformado por la alianza de dos gigantes (Barrik Gold de Canadá y Newmont de los Estados Unidos).
Desde el año 2013, la mina de Pueblo Viejo ha significado considerables aportes, no solo a la balanza de pagos, gracias a exportaciones anuales que alcanzaron un récord de US$1,675.5 millones en el año 2020, producto de haber exportado 949 miles de onzas a un precio promedio de US$1,766/onza, sino también a las recaudaciones del fisco, gracias a pagos de impuestos que sumaron RD$28,704.3 millones en 2021, al sumar: Impuestos Sobre la Renta (ISR) por RD$12,550.2 millones; Participación a las Utilidades Netas (PUN) por RD$10,414.4 millones), y, RD$5,739.7 millones como pago de Retorno Neto de Fundición (RNF).
En 2024, la mina en Cotuí logró producir 586,700 onzas que, si bien significaba un ligero crecimiento de un 4.9% por encima de lo producido en 2023 (559,000 onzas), se quedó todavía muy, pero muy por debajo de los volúmenes registrados entre 2014 y 2021, cuando logró exportar un promedio anual de 1,092,000 onzas (con un máximo de 1,261,000 onzas en 2016). Las constantes demoras en poder aprobar y luego implementar los planes de expansión de la mina explican este descenso tan importante en la producción actual, que se proyecta en 2025 con un crecimiento de un 10.8% vs. el nivel de 2024, o sea cerca de 650,000 onzas. Habrá de espera completar la construcción de la nueva presa de colas para volver al nivel de producción optimo en torno a 800,000 onzas durante los próximos 25 años.
Un simple dato para ilustrar la pérdida de oportunidad por no haber alcanzado este nivel en 2025: se dejarán de producir unas 150,000 onzas, que a precio promedio conservador de US$3,000/onza representa US$450 millones, que no se podrá sumar a la actual proyección de exportaciones de oro por un valor de US$1,950 millones (o sea 650,000 onzas por el precio actual de US$3,000/onza). Como referencia, tomemos en cuenta que el presupuesto 2025 se había elaborado sobre la base de unas cotizaciones anuales promedio de tan solo US$2,548.40/onza, debido a que el marco macroeconómico de este presupuesto 2025 era de fecha 21 de agosto 2024.
Por lo que va de 2025, las primeras informaciones de la Dirección General de Impuestos Internos (DGII) confirman que será necesario revisar al alza el presupuesto de ingresos generados por la actividad minera en Pueblo Viejo: mientras se obtuvieron ingresos por RD$12,936.3 millones en 2024, prácticamente el triple de lo recaudado en 2023 (tan solo RD$4,329.2 millones), el presupuesto 2025 contempla, hasta el momento, ingresos por un total de RD$12,519.0 millones, con un nivel de producción inferior a lo que se proyecta para 2025, y sobre todo con un precio promedio (US$2,548.40/onza) muy inferior a las altas y crecientes cotizaciones actuales. De hecho, en el mes de enero 2025, la DGII logró recaudar RD$5,586.8 millones en apenas un mes, o sea un enorme crecimiento de 240% por encima de lo que había recaudado por este mismo concepto en enero 2024 (RD$1,643.9 millones).
Claramente, la mina de oro se está tornando en uno de los mejores negocios de toda la historia económica de la República Dominicana, y de retomarse mañana discusiones para una Reforma Fiscal Holística, habría de reproyectar a corto, mediano y largo plazo los ingresos esperados de la explotación de la mina de oro de Pueblo Viejo; mis cálculos preliminares me dan que, antes del 2030, la República Dominicana bien pudiera recibir ingresos anuales (vía recaudaciones) por encima de los RD$50 mil millones anuales, producto de estar exportando unas 800 mil onzas al año a precios no inferiores a los US$3,000/onza.
Finalmente, tomando en cuenta estas noticias tan buenas, el país debería de incluir en una reforma a la actual ley de minería, un artículo que garantice al país una participación no menor al 40% en la renta minera como nivel mínimo de justo retorno por la explotación privada de un bien de la Nación, y, replicando las buenas prácticas de Colombia y Perú, crear un Fondo Minero Soberano al cual se aportaría una porción significativa de los ingresos mineros, de modo que estos ingresos extraordinarios y finitos se inviertan realmente en desarrollo. Solamente de este modo se podrá cumplir la promesa de “Sembrar la Minería”, parafraseando la histórica advertencia hecha por el gran intelectual Arturo Uslar Pietri a las autoridades venezolanas en 1936 de la necesidad de “Sembrar el Petróleo”.
Lamentablemente, no le hicieron caso en Venezuela, con los resultados desastrosos a la vista de todos. Para República Dominicana, aún estamos a tiempo de elegir el camino bueno, y con esta buena escogencia, entonces las generaciones futuras nos podrán felicitar por haber visto que en Pueblo Viejo, lo que brilla sí es oro.









