No hay un solo medio de comunicación ni periodista que no haya abordado el problema de los accidentes de tránsito y el caos vial en el que estamos inmersos. Todos tienen soluciones y proponen distintas maneras de enfrentar esta crisis que nos roba la paz y nos mantiene en un estado constante de estrés, ya sea como conductores o como pasajeros.
Ahora bien, ¿estamos haciendo lo correcto? ¿Nos estamos ocupando realmente del problema? Y si lo estamos haciendo, ¿lo hacemos de manera efectiva?
Estas son las disyuntivas a las que nos enfrentamos.
El problema del tránsito no es simple; de hecho, es quizá uno de los más angustiosos y costosos que enfrentamos como sociedad. No hay un solo día en el que no veamos editoriales, noticias de tragedias y debates sobre este tema en los medios de comunicación.
El fenómeno se ha agravado con el tiempo y continuará haciéndolo porque no estamos abordando su raíz principal. ¿Cómo solucionaremos el problema del transporte urbano? La falta de una respuesta efectiva ha llevado a que cada vez más personas busquen su propia solución adquiriendo un vehículo, ya sea un automóvil o una motocicleta. Sin embargo, el problema de fondo es aún más complejo: la falta de educación y cultura vial. Dos elementos fundamentales que requieren inversión, determinación y una estrategia bien estructurada.
Dado que estos problemas no pueden resolverse a corto plazo, es urgente comenzar el proceso cuanto antes. Mientras tanto, debemos aplicar medidas inmediatas que permitan reducir el estrés y las dificultades que enfrentamos diariamente. Algunas de estas soluciones ya están contempladas en la Ley 63-17, como el Artículo 161, que establece la retirada de vehículos inservibles y defectuosos de las vías, mejorando así la seguridad de quienes transitan por ellas.
Estoy de acuerdo en que las sanciones para los conductores irresponsables deben ser más severas y ejemplares. Asimismo, es crucial construir más estacionamientos públicos, retirar la chatarra de las calles, liberar las aceras de negocios informales, regular la circulación de motocicletas con identificación obligatoria, capacitar mejor a los agentes de la DIGESETT, corregir los defectos en el diseño de avenidas y carreteras, entre otras acciones. Todas estas medidas solo requieren voluntad política y compromiso por parte de las autoridades.
Estamos hartos de discursos, planes, iniciativas y acuerdos sin resultados concretos. Necesitamos acciones reales para reducir los accidentes de tránsito, las muertes y las lesiones, que a su vez generan otros problemas sociales y afectan la paz y el desarrollo del país. Basta de palabrerías y demagogia.
Es momento de actuar con responsabilidad y determinación.











