Sin duda alguna, los dos días que siguieron el espectacular bombardeo de las instalaciones nucleares en Irán por la aviación estadounidense, habrán puesto a temblar a todas las economías del mundo; obviamente, la economía dominicana no escapa a esta realidad: la posibilidad de un cierre al estrecho de Ormuz hubiese provocado una escalada potencialmente catastrófica de los precios del petróleo y de todos sus derivados, a precios que superarían los US$90/barril según los analistas de Goldman Sachs. Por suerte, la imposición desde la Casa Blanca de un cese al fuego, finalmente aceptado tanto por Irán como por Israel, ha permitido que los precios del petróleo, en torno a US$75 antes de estos bombardeos, se hayan desplomado por debajo de US$65 el pasado martes.
Ahora bien, este alivio prácticamente milagroso es un contundente recordatorio de la (todavía) enorme dependencia de la economía dominicana a los vaivenes de los precios de los hidrocarburos.
A continuación, se procede a cuantificar estos riesgos en dos dimensiones: i) la balanza de pagos a través de la factura petrolera; ii) el equilibrio fiscal vulnerado por el incremento del costo de los subsidios para mantener congelados los precios del Gas Licuado de Petróleo (GLP), y de ambas variedades de gasolinas y de gasoils.
Primero en cuanto a la factura petrolera, hay que recordar que, en 2024, de acuerdo con los datos oficiales del Banco Central de la República Dominicana (BCRD), el país importó una cantidad de crudo, combustibles terminados, gas natural, GLP y otros derivados del petróleo, equivalente a 74.48 millones de barriles, equivalente a unos 3,128.16 millones de galones (1 barril es igual a 42 galones) con lo que se deriva que el consumo promedio de galones es de unos 60.16 millones semanales.
La factura petrolera para estos 74.48 millones de barriles alcanzó un valor total de US$4,733.91 millones, lo que significa que el costo promedio de la canasta de combustibles importados estuvo en US$63.56/barril, significativamente por debajo del precio promedio del barril de crudo variedad West Texas Intermediate (WTI) que alcanzó US$76.63/barril; en otras palabras, el precio promedio de la canasta importada desde República Dominicana estuvo US$13.07 por debajo del precio de referencia del WTI, debido a que el mix de la canasta dominicana contiene productos cuyo rango de costos por barril es muy amplio: desde los más baratos tales como el Gas Natural (US$28.86) o el GLP (US$34.56) hasta los muy costos como la Gasolina (US$96.37) o el Gasoil (US$97.42).
De lo anterior, proyectando un volumen de unos 76 millones de barriles en 2025, asumiendo un muy leve crecimiento del consumo en torno a un +2.0%, se puede decir que, en término actualizado, por cada dólar que sube la cotización del petróleo, la factura petrolera dominicana se incrementaría en unos US$76 millones.
Inicialmente, en el Presupuesto 2025, se había proyectado el precio promedio del WTI con un valor muy alto de US$81.30, monto que fue revisada a la baja en dos oportunidades: primero a US$70.70 en la publicación del Marco Macroeconómico Plurianual (MMP) de fecha 25-03-2025, y ahorita en fecha 09-06-2025 se recortó nuevamente, pero esta vez a tan solo US$61.90.
De haberse producido el temible cierre del estrecho de Ormuz y de mantenerse el precio del petróleo en torno a US$90 por lo quedaría del año 2025, y tomando en cuenta que para el período enero-mayo 2025 el promedio real estuvo finalmente en US$68.24 y que el promedio en junio estaría en torno a US$72.24, el promedio derivado para el año 2025 completo cerraría en torno a US$79.50, o sea menos de US$3 por encima del precio promedio del 2024 (US$76.63), y que entonces la factura petrolera alcanzaría un valor proyectado en torno a US$5,049 millones, un poco más de 6.6% por encima de la factura petrolera de 2024 (US$4,734 millones).
Como se puede apreciar, a pesar del impacto fuerte en el 2º semestre 2025, en términos anuales, el impacto no hubiese sido tan significativo, gracias a los ahorros realizados durante el 1º semestre 2025. En cambio, se tornaría mucho más preocupante la proyección para el año 2026 (y más en momentos cuando se empiece a trabajar este Presupuesto 2026) ya que, asumiendo otro crecimiento de volumen en torno al 2.0%, lo que llevaría el volumen proyectado a unos 77.5 millones de barriles, el precio promedio de la canasta dominicana se dispararía a unos US$77/barril (unos US$13 por debajo del precio del petróleo WTI), por lo que la factura petrolera alcanzaría un nivel récord de US$5,968 millones, unos US$919 millones por encima del año 2025.
Más allá del impacto en la factura petrolera (moderado en 2025, muy fuerte en 2026), el impacto más directo y relevante para 2025 y 2026 lo sería en la parte fiscal: aún sin contar el probable impacto adicional sobre los subsidios a la electricidad, del lado del subsidio a los combustibles, se dispararía a niveles insostenibles para las finanzas públicas.
En su resolución de precios vigente para la semana iniciando el 21 de junio 2025, el Ministerio de Industria y Comercio (MIC) indicaba que el subsidio semanal se disparó de RD$80.5 millones (semana pasada) a RD$214.4 millones (esta semana), o sea su más alto nivel desde la semana del 5 de abril (RD$522.2 millones), mientras el valor máximo por lo que va del año fueron RD$575.4 millones en la última semana de enero 2025. De haberse producido el salto en los precios del petróleo (y de sus derivados por igual), hubiéramos vuelto a tener semanas con promedios de subsidios por encima de los RD$700 a RD$800 millones semanales, muy por encima del presupuesto semanal para el subsidio que es de apenas unos RD$192.3 millones, equivalente a la partida de RD$10 mil millones del Presupuesto 2025; tremenda vulnerabilidad, exacerbada aún más por el hecho de que, a junio 2025, se habría consumido ya en torno al 70% del presupuesto total del año 2025.
Este episodio tan tenso y que milagrosamente tuvo final feliz, por lo menos hasta los momentos, tiene que dejar algunas lecciones aprendidas (o por aprender): sería más que prudente contemplar un nuevo mecanismo para el subsidio a los combustibles, ya que el esquema vigente fue una respuesta acertada a una situación del año 2022. Del mismo modo que volver a subir por igual a todos los combustibles no parece prudente socialmente, seguir congelando los precios de los combustibles, cueste lo cueste, no será sostenible fiscalmente.
Habría de ponderar priorizar y proteger algo de subsidio al GLP y luego al Gasoil Regular, mientras se le pondría un techo al subsidio a las Gasolinas Premium, y Regular y al Gasoil Premium, de modo que alzas de algunos precios puedan inducir a un consumo más responsable de los mencionados combustibles.
Para lograrlo, las autoridades tendrán que elaborar una poderosa narrativa para que la población en general esté informada y preparada para lo que pueda venir; pero parece que para esto, al igual que en el caso del cierre de Ormuz: del estrecho al hecho, hay mucho trecho…










