Al presidente Luis Abinader le quedan tres de ocho años de gobierno. En los primeros cuatro le dio prioridad al gasto social, incluso, ralentizando las inversiones, lo cual le dio a ganar mucha simpatía, tanta que logró la reelección fácil para un segundo período.
El punto es que, en este su primer año de segunda gestión, la combinación de cierto desgaste y la ralentización de la economía parece que están llegando a la conciencia ciudadana, al punto de que se percibe cierta impopularidad.
Lo anterior coincide con la necesidad de más recursos para acelerar la terminación de obras, mientras se requiere una revisión del gasto corriente, especialmente en la reducción de partidas de asistencia social que aparentan ser innecesarias o no imprescindibles, así como un evidente constreñimiento que hace que los ingresos rindan cada vez menos y se torne necesario un incremento del endeudamiento público que casi llega al borde de la insostenibilidad por el alto costo de los intereses.











