Hace varias semanas desarrollé una sesión, con la intención de despertar un espacio de reflexión, con un grupo de damas jóvenes, todas madres y la mayoría solteras. El asunto es que hablábamos de finanzas personales sobre aspectos relacionados con los escenarios ideales o deseados en materia económica y lo que hacemos de manera particular para alcanzarlos.
Sin embargo, caímos en un aspecto económico, pero de corte social y emocional: las relaciones de pareja y la maternidad. Como es sabido, hoy día, la mayoría de las madres son solteras. Incluso, las cifras de la Oficina Nacional de Estadística (ONE) indican que poco más del 86% de las madres son no casadas, la mayoría solteras y una proporción menor en unión libre. Las casadas formalmente apenas superan el 13%.
Pero ese no es el tema. Más bien lo que hice fue una pregunta abierta: ¿cómo defines al hombre ideal para una relación de pareja formal? De inmediato surgieron múltiples respuestas destacando que el hombre ideal es aquel respetuoso con su pareja, el que no es infiel, que sea amoroso, que comparta sus ingresos para proyectos comunes, que sea un suplidor adecuado, que se ocupe de sus hijos y del hogar. En fin, una cantidad importante de cualidades que definen al “hombre bueno”.
No faltaron alusiones a que sea un hombre que se ocupe de las necesidades de su pareja, si necesita dinero para algo, si salen a algún lugar que él la busque en su casa y luego la lleve, y que no la mande en un taxi, ni rehúya de las reuniones familiares.
También expresaron que el hombre debe ser galante, detallista, atento a los requerimientos de su pareja y, por supuesto, ser sincero, no mentir ni ocultar asuntos que deben ser compartidos.
Luego de escuchar tan magistrales y asertivas definiciones sobre lo que debe ser el hombre ideal, y viendo los rostros emocionados de estas damas al definir al caballero de sus sueños, decidió hacer la siguiente pregunta: A ustedes abnegadas madres, especialmente las que tienen hijos varones, ¿están educando a sus niños para que sean así de adultos?
En ese momento, todas se quedaron en una pausa de silencio, algunas se miraron entre sí y se produjo un ambiente de reflexión sobre algo que, aparentemente, no se habían detenido a pensar antes, aunque se trata de mamás responsables.
Eso nos ocurre con frecuencia. Tenemos una idea clara de cómo deberían ser ciertas personas, pero no nos ocupamos de trabajar para comportarnos de esas maneras tan correctas e ideales, aun cuando tenemos la posibilidad de hacerlo.
Es verdad que las mujeres desean al hombre ideal, pero ocurre que, incluso, por un asunto cultural, las madres, cuando tienen sus hijos adultos, se sienten incómodas si uno de ellos trata a su novia o esposa de la forma en que describen al hombre ideal.
Es decir, quieren un hombre con cualidades y características, para ellas mismas, pero no quieren que sus hijos varones asuman esas cualidades y características para sus respectivas parejas, que en este caso serían sus nueras.
Incluso, si el hijo es generoso, atento, complaciente y dedicado por completo a su pareja, la madre tiende a decirle que es muy flujo, que se deja manipular de su esposa o novia, que la complace demasiado, entre otros aspectos que, en realidad, son los que describen al hombre ideal, “pero no para ella”. Ese es el hombre ideal que tú quisieras para ti, pero no es el hombre ideal que estás educando para cuando tengas u pareja.
Sería interesante que las madres, especialmente las de este tiempo, que son en su mayoría solteras porque no encuentran al hombre ideal, se esfuercen un poco en educar a sus varoncitos para que sean así, como ellas quisieran tener uno, pero con la conciencia y el desprendimiento, de que esa conducta adecuada en el “hombre ideal”, es para que las ponga de manifiesto con otras mujeres, con las que han de ser sus novias o sus esposas o parejas, en determinado momento.
Así es como se pueden formar mejores personas. Y no quiero dejar de lado que esta responsabilidad incluye a los papás de esos niños, aunque no los hayan procreado con su esposa, sino en una relación separada. La figura paterna es una responsabilidad de los papás para sus hijos, tanto dentro como fuera del matrimonio.











