La prohibición de las redes sociales en Nepal fue un punto de partida para que la llamada Generación Z se levante y desate una serie de manifestaciones en contra de la corrupción del gobierno Nepalí. Hubo incendios en edificaciones gubernamentales y caos en las calles de Katmandú, capital del país.
Tras una guerra civil de 10 años desde 1995, en 2005 se firmó un acuerdo de paz que establecía una nueva constitución y el fin de la dinastía en Nepal. Tres años después (2008), de manera oficial el país dejó de ser la única monarquía hindú del mundo. Desde ahí, el gobierno ha prometido ser una república democrática y laica que permita cumplir con al menos las necesidades básicas de un ciudadano. Sin embargo, estas han sido promesas vacías que han hecho estallar el pueblo nepalí.
Contener durante años el desconcierto de un país sin oportunidades, donde el 20% de la población está en situación de pobreza y la corrupción les arropa en su cotidianidad, ha sido para Nepal una situación de precariedad que ha impulsado múltiples protestas a raíz de “la gota que derramó el vaso”: la prohibición de las redes sociales.
El gobierno de Nepal declaró las plataformas digitales como una fuente de noticias falsas y fraudes cibernéticos, por lo cual debían regularse. Para ello, desde el 4 de septiembre 2025 iniciaron un plan de acción que obliga a las empresas de redes sociales a registrarse ante el Ministerio de Comunicaciones y Tecnologías de la Información del país para poder operar.
Esta obligación ha sido objeto de incumplimiento. Por esto, las autoridades decidieron bloquear accesos y usuarios de más de 26 plataformas, lo que generó caos principalmente en la llamada “Generación Z”.
Plataformas como Facebook, Instagram, WhatsApp, YouTube y X fueron bloqueadas para los nepalíes aún con 17 millones de ellos que trabajan en ellas. Sin embargo, algunos usuarios han optado por utilizar métodos alternos para continuar accediendo.
Miles de manifestantes jóvenes se unieron a marchar con pancartas y carteles por las calles de Katmandú, capital de país, con el propósito de llamar la atención de los gobernadores ante esta restricción digital. Muchos de ellos aseguran que esta limitación solo fue el impulso que desencadenó una problemática que se venía arrastrando.
“Más que la prohibición de las redes sociales, creo que la atención de todos se centra en la corrupción”, explicó a la BBC Sabana Budathoki, joven de 28 años en la protesta. Además, añadió: “Queremos recuperar nuestro país; vinimos a detener la corrupción”.
Efectos visibles
Durante las protestas iniciadas el 9 de septiembre 2025, las personas optaron por caminatas y gritos. Algunos de ellos pintaron grafitis y mensajes de anticorrupción en las afueras del parlamento nepalí, además prendieron fuego a la oficina y la residencia del primer ministro, así como a la sede del Tribunal Supremo.
Ante esto, las fuerzas de seguridad dispararon bombas lacrimógenas y cañones de agua a los manifestantes que también escalaban los muros de los edificios.
Asimismo, otros utilizaron redes privadas y virtuales o VPN para acceder a plataformas prohibidas y movilizar las manifestaciones, como es el caso de Sudan Gurung, fundador de Hami Nepal (Somos Nepal), organización sin fines de lucro.
También, el primer ministro, K.P. Sharma Oli, presentó su renuncia del cargo, a lo que la expresidenta del Tribunal Supremo de Nepal, Sushila Karki, lo sustituyó. Posterior a su renuncia, instó, al igual que el presidente Ramchandra Paudel, a que las denuncias se realicen de manera pacífica e invitó a los ciudadanos a dialogar. “Todos los ciudadanos deben ejercer la moderación para evitar más pérdidas de vidas y propiedades en esta situación crítica”, dijo a CNN.
Por otro lado, Karki aseguró que se debe entender el pensamiento de la Generación Z. “Lo que este grupo reclama es el fin de la corrupción, una buena gobernanza y la igualdad económica”, aseguró a RTVE.
Postura de la ONU
La Oficina de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) en Nepal se ha puesto en disposición para facilitar el diálogo y apoyar medidas que restauren la confianza entre la población y las autoridades. También solicitó que los casos de muerte sean investigados de forma inmediata y transparente, incluyendo revisar las denuncias de violencia policial y otros posibles abusos.
Igualmente, el secretario general, Antonio Guterres, llamó al país a que el caso se maneje con moderación. “Exhorto a las autoridades a que cumplan con las normas de derechos humanos. Las protestas deben desarrollarse de forma pacífica, respetando la vida y la propiedad”, declaró a CNN.
Se ha pedido que cualquier uso de fuerza letal o menos letal sea revisado y que haya investigaciones imparciales. Sumado a eso se ha solicitado que se garantice la protección de civiles, especialmente jóvenes, y que los heridos dispongan de atención medica total e inmediata.
Panorama económico
La economía de Nepal depende principalmente de las remesas que envían los nepalíes que emigran a otros países. En 2024, estas representaron el 31.2% del producto interno bruto (PIB), según datos de TheGlobalEconomy.com. De esta manera, se posiciona en el tercer país que más depende de las remesas en el mundo.
Por otra parte, la tasa de desempleo en la juventud en el mismo año fue de un 20.4%, según datos del Banco Mundial. El desajuste entre la educación recibida y las oportunidades laborales disponibles contribuye a este alto índice de falta de trabajo en los jóvenes.
Estas cifras son el foco principal del levantamiento de voces de los ciudadanos nepalíes, por esta razón han generado más protestas y desconciertos ante el gobierno. Esto en definitiva refleja una realidad preocupante para todas las generaciones que quieren escalar en dicho país.
Vidas perdidas y en peligro.
Más de 400 personas fueron hospitalizadas, según un informe del Ministerio de Salud de Nepal y al menos 72 han muerto, según el secretario civil del Gobierno, entre ellos se identificaron policías, reclusos y protestantes.
Lo que sucedió en Nepal, a juzgar por los resultados y las causas, tiene que ver con el reflejo de una nueva sociedad que exige más transparencia de parte de los gobernantes. Las redes sociales, en este caso, son más que un canal de información y diversión, sino una vía para reclamar democracia y participación.












