La población no se siente cómoda con los elevados precios que muestran los productos de la canasta básica alimenticia y no comestible. Sin embargo, también se nota un estado de entendimiento sobre el hecho de que los espirales inflacionarios tienen incidencia externa, lo cual escapa de manera directa al control oficial.
Aun así, es lógico que ese disgusto puede traducirse en un estado de desesperación de segmentos poblacionales, que también pudieran estar siendo incitados por sectores de la oposición política de manera coyuntural.
Pero el reciente llamado a paro en la región Norte del país y la reacción del pueblo son una muestra de que, aun con el disgusto, no hay en los dominicanos un ánimo para protestar.
Dos factores inciden en eso: el primero es que los precios están altos, pero no ha habido desabastecimiento. Lo segundo es que la población ha madurado y prefiere castigar a los gobernantes en las urnas y no en las calles.







