La municipalidad en República Dominicana transita por un momento decisivo, concentrando esfuerzos para convertirse en el verdadero eje del desarrollo sostenible del país. Esta visión, recogida en el Decreto 734-22 que crea el Gabinete para el Desarrollo del Sistema de Transferencia de Competencias desde los órganos y entes del Poder Ejecutivo hacia la administración local, encuentra soporte en la definición de los planes de desarrollo para las diez regiones únicas de planificación y en las Metas RD 2036.
En conjunto, conforman una arquitectura estratégica capaz de abrir un círculo virtuoso donde las inversiones se ejecuten con eficiencia en el lugar donde vive la gente, promoviendo el ordenamiento territorial, la zonificación inteligente de las demarcaciones y el aprovechamiento del talento local.
A partir de lo definido por dicho gabinete, convendría que el resto del trayecto de la presente gestión concentre sus energías en diseñar la estrategia que haga operativa esa transferencia de competencias. Y es que, después de la Estrategia Nacional de Desarrollo, las Metas RD 2036 pueden considerarse el segundo gran plan de nación de la República Dominicana. Su mayor valor radica en que prevén dotar a los municipios de resiliencia frente a los efectos del cambio climático, uno de los desafíos más costosos y determinantes para la economía y calidad de vida.
Una intervención bien estructurada dentro de este marco puede ofrecer respuestas concretas a las limitaciones administrativas de los gobiernos locales. Entre ellas, reducir el peso del asistencialismo que todavía caracteriza a muchas alcaldías, sustituyéndolo por oportunidades de empleo y emprendimiento derivadas de proyectos territoriales diseñados para cada región, todo con respaldo presupuestario.
En este proceso, la comunicación se convierte en un pilar esencial: explicar a la población cómo integrarse a las acciones previstas, capacitarla para dar sostenibilidad al master plan y mostrarle con claridad los beneficios de su participación.
Hoy, las condiciones están dadas para transformar el estilo de gobernanza en nuestros municipios. Pasar de administrar crisis de corto plazo a gobernar con visión de futuro, se constituye en el salto cualitativo que marcaría la diferencia entre una gestión rutinaria y otra visionaria, capaz de colocar a la municipalidad en el centro de la construcción de un país con oportunidades, libertades y capacidades sostenibles.
La planificación debe comenzar por estructurar un mecanismo de transferencia de competencias, basado en la clasificación de los niveles actuales de competencias, luego diseñar una especie de plan de carrera y desarrollo institucional para cada gobierno local. No se trata únicamente de formar personas, sino de fortalecer instituciones. Este plan de carrera debe estar alineado a los conocimientos técnicos y profesionales que demanda el modelo de gestión para el desarrollo económico y social previsto por el plan nacional.
Como puede apreciarse, ningún eslabón del desarrollo que cada dominicano espera para la República Dominicana puede estar desligado de los demás. A partir del nivel alcanzado hasta hoy, la gestión del futuro requiere articular lo existente con lo que se necesita, bajo una visión analítica profunda y consensuada con el mapa de públicos de cada territorio y con el gobierno central. Medidas como éstas resultan esenciales para cortar el hilo conductor que agrava, de forma vertiginosa, las peligrosas desigualdades sociales.
Desde 2022 se abrió la puerta a la articulación interinstitucional y de visiones sobre sectores estratégicos de políticas públicas. Esquema que permite optimizar recursos económicos y humanos sin necesidad de que sean adicionales.
Apostar a municipios fuertes es apostar por seguridad ciudadana, ordenamiento territorial a partir de la zonificación estratégica de los espacios y desarrollo humano, tres factores críticos de éxito para alcanzar las Metas RD 2036.







